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Noches de milonga en la otra orilla del Río de la Plata

  • Federica Narancio

La Pérez es una casa antigua que por afuera no dice nada pero que adentro es encantadora. Allí, las milongas empezaron como un evento entre amigos.

La Pérez es una casa antigua que por afuera no dice nada pero que adentro es encantadora. Allí, las milongas empezaron como un evento entre amigos.

Las milongas de Montevideo atraen a los turistas por su autenticidad y aire familiar, según varios consultados. Ahora hay siete que se agruparon para darle más difusión a sus eventos.

En Buenos Aires, cada dos cuadras hay una pareja que baila tango, ella con una rosa en la boca y él con un sombrero gardeliano. Las guías turísticas están plagadas de promociones de espectáculos tangueros. Los turistas llegan en gran número a La Boca para ver lo más característico del tango.

Montevideo, la capital de Uruguay, también comparte los orígenes del tango pero es el hermano menor de la familia. Aunque su circuito tanguero es tan legítimo como el de Buenos Aires, está menos explotado y viene en segundo lugar, dijeron varios tangueros consultados por Voz de América.

Los uruguayos, de espíritu sosegado y tímido, aún no supieron publicitar el tango y las milongas, aseguraron.

Las milongas son aquellos eventos donde las personas se reúnen a bailar tango, ya sea en un club, un salón de baile o una casa. En Montevideo hay milongas todas las noches de la semana.

La poca promoción que tienen les da cierta autenticidad y encanto pueblerino, algo que los turistas saben apreciar aunque lleguen en menor número.

“Se van muy contentos de acá”, dijo María Noel González Tálice, una joven profesora de tango que inauguró una milonga en la planta baja de su casa en marzo de este año.

La apertura de la milonga no fue premeditada. Un viernes fueron a su casa muchos amigos a bailar tango y, según contó Tálice, le insistieron para que el evento se repitiera.

Así nació La Pérez, un emprendimiento que no tiene nada de marketing, ni de planificación ni una estructura contable. Allí, las milongas funcionan los viernes y sábados a partir de las 23 horas.

“Esta es mi casa, yo le abro las puertas a mis amigos del tango y a la gente, pero no lo encaro como un comercio”, dijo Tálice.

Se nota. La fachada de la casa no invita precisamente a entrar. El único cartel que tiene en el exterior reza “Se vende”. Nada indica que allí es La Pérez. A la fachada le falta una buena mano de pintura, pues está descascarada y con un color añejo y grisáceo. Las persianas están un poco torcidas y caídas. Uno duda con qué se encontrará adentro.

El interior de La Pérez es una grata sorpresa. Con paredes de ladrillo al descubierto, una pista de baile de madera, sillones en los rincones y faroles que dan una luz baja y granulosa, esta casa antigua fue renovada pero aún conserva su toque colonial.

Según Tálice, las primeras escrituras del terreno datan de 1830, aunque no detallan qué tipo de edificación había allí.

También son originales las baldosas de cerámica en el pasillo principal. En el salón contiguo al de baile, hay una barra de tragos que es atendida por la dueña. Su perra, Florita, corre por la casa y olfatea a los recién llegados.

El ambiente informal de La Pérez no es una puesta en escena. De hecho, a Tálice le aborrece un poco que las milongas tuvieran tal éxito porque se siente esclava de los eventos.

“No tengo alma de bolichera”, explicó. “Y no sé si a largo plazo quiero que las milongas sean algo fijo de los viernes y sábados”.

Por ahora, la concurrencia no cesa, aunque ese sábado eran pocos los que bailaban en la pista pues el viernes es su día más fuerte.

Para los más ortodoxos

Hay otra milonga que funciona los sábados en Montevideo y que es más estructurada que La Pérez. Se llama Vieja Viola y también abre desde las 23 horas hasta las 4 de la mañana.

Allí el público es un poco más veterano y respeta más los códigos de la milonga, según dijeron varios tangueros a la Voz de América, aunque también hay cierto margen de flexibilidad.

El salón se parece al de un club barrial. Alrededor de la pista, que es una de las más grandes de Montevideo, hay mesas decoradas con manteles azules. Las personas se sientan a esperar que las saquen a bailar, enfrentadas a la pista. En el ínterin, toman vino o si están en grupo piden un refresco en una botella de litro y medio.

Invitan a bailar tanto los hombres como las mujeres, aseguró Gaby Lencina, quien estaba acompañada de su marido, Ariel Coira.

De día, Gaby es abogada y Ariel es diseñador en un estudio de arquitectura. De noche, son profesores de tango y van al menos una vez a la semana a una milonga, dijeron.

En 2005, salieron campeones nacionales de tango de Uruguay y fueron a competir al mundial en Argentina, donde llegaron a las semifinales.

La Vieja Viola es un lugar especial para ellos porque allí se conocieron cuando tomaban clases de tango.

Ellos aclararon, no obstante, que la milonga no es un lugar donde uno vaya a buscar pareja. Uno va por el placer de bailar.

Tanto es así que, según dijeron varios tangueros, los hombres y mujeres invitan a bailar al que más sabe, no al que tiene el mejor aspecto físico.

Gaby y Ariel también bailan con otras personas. En la milonga eso está permitido y bien visto, pues les permite desarrollar sus destrezas como bailarines.

“Es un ambiente muy familiero, nos conocemos todos”, dijo Ariel. El circuito milonguero está integrado por unas 500 personas que van a bailar asiduamente, explicó.

Sin embargo, ellos consideran que poco a poco el circuito se está ampliando y el interés por el tango crece cada vez más. Lo mismo opinó María Noel Tálice y otros tangueros consultados por Voz de América.

Rosario Echevarría, la dueña de Vieja Viola, dijo que recién ahora hay siete tanguerías que se agruparon para promocionar sus milongas.

El Grupo de Tanguerías de Montevideo tiene folletería que repartirá en los hoteles de la ciudad y en la puerta de entrada de los turistas en el puerto, dijo Echevarría, algo que no se ha hecho aún.

“Ni los hoteles ni los taxistas tienen información para darle a los turistas”, se quejó Echevarría. “Hay que saber marcar la diferencia entre lo que son las tanguerías con show y las milongas donde viene el que sólo quiere bailar”, explicó.

Los tangueros esperan que con estas medidas, se reconozca que Montevideo también es una ciudad que baila al ritmo del dos por cuatro.

Para bailar los sábados de noche:

La Pérez: en Pérez Castellanos 1381 entre Washington y Sarandí. Abre los viernes y sábados a partir de las 23 horas. No cobra entrada. Teléfono: 915-83-60.

Vieja Viola: en Paysandú 639 esquina Minas. Los sábados tiene una milonga a partir de las 23 horas. El precio de entrada es de $ 80 (US$ 3,4). A partir de agosto, la milonga se mudará a la casa de al lado a un salón más grande. Teléfono: 403-62-90.

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