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Muchos gauchos, ningún gol

  • Federica Narancio

Cuando Uruguay se acercaba a la puerta del gol, las manos volaban a las cabezas y el grito se asomaba a los labios.

Cuando Uruguay se acercaba a la puerta del gol, las manos volaban a las cabezas y el grito se asomaba a los labios.

En un restaurante de Montevideo bautizado como “el bar del Mundial”, el debut de la selección uruguaya se vivió con emoción. Esta vez hubo desilusión, pero el bar promete ser un buen lugar para seguir el Mundial.

El grito de gol no resonó en el bar El Gaucho. Los uruguayos que fueron a ver el partido a este local – bautizado por los dueños como “el bar del Mundial” – pasaron de la euforia a la resignación, y en algunos casos al conformismo.

“Yo lo que no quería era perder”, dijo a voanoticias.com Martín Ortellado, de 30 años. “Pero recién decía que lo lindo que tenemos los uruguayos es que empatamos y estamos contentos”.

No todos en el bar compartían esta actitud tan conciliadora.

“Yo me tenía mucha más fe antes del partido”, aseguró Martín Laborite, un joven que se vistió para la ocasión con un gran sombrero de galera color azul, la camiseta de la selección y la bandera de Uruguay enrollada al cuello.

“Ahora hay más desazón que alegría por haber sacado un punto”, dijo Laborite, con semblante serio. Sus amigos no se apiadaron de su desilusión: “Es la nota más aburrida que diste en tu vida, che”, le dijeron a las risas.

Apenas terminó el partido Uruguay-Francia, El Gaucho quedó vacío, con menos de cinco mesas ocupadas – una de ellas por un mozo que aprovechó para almorzar.

Pero este restaurante promete ser uno de los puntos calientes de Montevideo para ver los siguientes partidos del Mundial. Por lo pronto, el debut de la selección uruguaya se vivió con emoción en este céntrico bar.

A las 15.30 horas, el restaurante estaba repleto de personas enfrentadas a tres televisores adquiridos durante las eliminatorias. En palabras de Ángel García, uno de los mozos, no volaba “ni una mosca”. Toda la atención estaba puesta en el partido.

Eso sí: a algunos espectadores se les notaba la agonía en los rostros. “La estamos sufriendo y pasando bien a la vez”, dijo Gladys Palacios, de 51 años, que ocupaba una mesa junto a su hija y la pareja de ésta.

Y cuando Uruguay se acercaba a la puerta del gol, las manos volaban a las cabezas y el grito se asomaba a los labios. Algunos se callaban; otros no podían resistirlo y se paraban de sus sillas a exclamar.

¿Por qué hay que regresar a El Gaucho?

Los dueños quisieron que este fuera el “bar del Mundial” y no escatimaron en decoración alusiva al gran evento.

En el techo, largas bandas color azul y un gran sol amarillo forman la bandera de Uruguay. En las paredes, hay pequeñas banderitas del país y redes con pelotas colgando.

Los mozos usan camisetas de la selección con su nombre grabado atrás. “Cuando nos hicieron la propuesta de llevar las camisetas, ni lo pensamos. Todos dijimos que sí”, aseguró García, uno de los mozos.

Diego Mato, uno de los dueños, contó a voanoticias.com que colgarán en una de las paredes del local un “fixture” gigante con las fechas de todos los partidos y los resultados en blanco para rellenar.

Durante un mes, este “fixture” cubrirá una reproducción de un cuadro del pintor uruguayo Juan Manuel Blanes que ilustra a los valientes e indómitos gauchos – los “cowboys” que poblaron las tierras rurales de Argentina, el sur de Brasil y Uruguay a lo largo del siglo XVIII y mediados del siglo XIX.

De ahí el nombre del restaurante El Gaucho. Y de ahí la reputación que se forjaron los rioplatenses – con el fútbol como uno de los principales símbolos de su masculinidad – que no querrán deshonrar.

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