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Michelle Obama: ampliar horizontes

  • Federica Narancio

Michelle Obama dio un discurso ante miles de jóvenes en Washington sobre los beneficios de estudiar en el extranjero.

Michelle Obama dio un discurso ante miles de jóvenes en Washington sobre los beneficios de estudiar en el extranjero.

La primera dama recomendó a los estadounidenses a estudiar en China como parte del programa “100,000 Strong”.

A millones de estudiantes internacionales deseosos de obtener una beca en Estados Unidos podría sorprenderles que un estadounidense quiera estudiar en otro país. Si las mejores universidades están allí, ¿vale la pena irse?

La primera dama, Michelle Obama, argumentó que sí. Y como buena abogada que supo ser, defendió muy bien su caso en un discurso ante miles de jóvenes en Washington, en apoyo a la iniciativa nacional “100,000 Strong”, cuyo objetivo es aumentar “dramáticamente” el número de estudiantes estadounidenses en China.

“El hecho es, con toda amistad que usted hace y cada vínculo de confianza que establece, está forjando la imagen que Estados Unidos proyecta hacia el resto del mundo”, dijo Obama. “Eso es tan importante. Así que cuando usted estudia en el extranjero, en realidad está ayudando a fortalecer a Estados Unidos”.

Hay un interés político además de formativo en el afán de incentivar a los estadounidenses a ir a China. El programa “100,000 Strong” está destinado a “preparar la próxima generación de expertos estadounidenses en China, quienes serán los encargados de gestionar los crecientes lazos políticos, económicos y culturales entre Estados Unidos y China”, según el Departamento de Estado de EE.UU. Una forma más de tender puentes entre dos superpotencias.

Sin embargo, las palabras de Michelle Obama también sirven de consejo para cualquier estudiante –estadounidense o no-. La primera dama dijo que es una oportunidad para conocer otras culturas, aprender un nuevo idioma, y forjar amistades que en otras circunstancias no serían posibles –ni factibles-, dado que siempre es más cómodo arrimarse a alguien que comparte sus costumbres.

El reto está en romper el molde y embarcarse en la aventura de vivir en otro país con un espíritu curioso y desprejuiciado, consideró Obama, porque al compartir historias y dejar que otros cuenten las suyas, es posible superar algunos de los estereotipos que muy a menudo dividen a las personas.

Es un ejercicio de ida y vuelta. Como estudiante en el extranjero –en este caso en Estados Unidos- sé que tanto la llegada como la partida despiertan a los sacudones. Porque cuando uno se acostumbra al país que antes le era extraño, debe hacer las maletas temiendo que el regreso será sinónimo de regresión.

Es cierto además que estudiar en el extranjero implica una gran inversión. Uno debe invertir en tiempo y dinero para aplicar a las becas, a las universidades, para buscar un hogar, vivir y estudiar. Ni que hablar de las llamadas a larga distancia.

A cambio, uno recibe amigos, profesores y contactos profesionales; conocimientos académicos; recomendaciones de libros y películas; visitas a museos, instituciones y ciudades; un nuevo idioma bajo el brazo y, ante todo, la certeza de que creció como persona. El mundo pasa a ser su hogar, ya no su país de origen.

La redactora de esta nota estudió en Estados Unidos con una beca Fulbright previo a trabajar para Voz de América.

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