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Papa declara mártir a cura de EE.UU. asesinado en Guatemala

  • Voz de América - Redacción

Rother nació en 1935 en Oklahoma y estudio en un seminario de San Antonio, Texas. Había aprendido español y la lengua tzutuhil de los indígenas guatemaltecos.

Rother nació en 1935 en Oklahoma y estudio en un seminario de San Antonio, Texas. Había aprendido español y la lengua tzutuhil de los indígenas guatemaltecos.

El fraile Stanley Rother, de Oklahoma, fue asesinado en 1981, cuando servía a la comunidad indígena de Santiago Atitlán, en el altiplano de Guatemala.

El papa Francisco declaró mártir a un sacerdote estadounidense asesinado durante la guerra civil de Guatemala, colocándolo en el camino hacia su posible santificación.

Francisco firmó el decreto el jueves para el fraile Stanley Rother, de Oklahoma, quien fue asesinado en 1981, cuando servía a la comunidad indígena de Santiago Atitlán, en el altiplano de Guatemala.

El Vaticano dijo que Rother, uno de varios sacerdotes asesinados durante la guerra civil de Guatemala entre los años 1960 y 1996, murió a causa de odium fidei u odio a la fé.

El misionero traducía el Nuevo Testamento a un dialecto indígena.

“Se entregó por completo a su pueblo”, dijo el obispo Anthony Taylor. “Valientemente se quedó con ellos en un tiempo de oscuridad. Cuando el lobo acecha el rebaño, el pastor permanece. Había entregado su vida a esta gente mucho antes de que vinieran a matarlo”.

La declaración del martirio allana el camino para la beatificación de Rother. A diferencia de los candidatos regulares, los mártires no necesitan un milagro certificado por el Vaticano atribuido a su intercesión para que sean beatificados. Sin embargo, es necesario certificar un milagro para que sea declarado santo.

Rother nació en 1935 en Oklahoma y estudio en un seminario de San Antonio, Texas. Había aprendido español y la lengua tzutuhil de los indígenas guatemaltecos.

Francisco, el primer papa latinoamericano de la historia, ha dejado claro que cree que los sacerdotes asesinados durante las dictaduras derechistas de América Latina murieron por intolerancia religiosa, entre ellos el arzobispo salvadoreño Oscar Romero.

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