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Los escenarios en Libia


A todas luces en Libia no es cosa de llevar a cabo reformas políticas bajo la tutela del ejército, como en Egipto.

A todas luces en Libia no es cosa de llevar a cabo reformas políticas bajo la tutela del ejército, como en Egipto.

Las opciones para acabar con la guerra son pocas en Libia, pero los peligros no. Roberto Casín analiza desde Miami el conflicto en ese país.

El tiempo apremia y el conflicto en Libia no halla fin. Los ataques y contraataques entre las tropas leales a Moammar Gadhafi y los rebeldes se suceden al compás de los días. Desde que se inició la revuelta el 15 de febrero, la oposición estima que al menos han muerto entre 8.000 y 10.000 personas, y los bombardeos aéreos de la coalición internacional encabezada inicialmente por Francia, EE.UU. y el Reino Unido hasta ahora no han ido más allá de poner freno a las fuerzas gubernamentales para impedir represalias masivas contra la población civil.

La sublevación cívico-militar que desencadenó el conflicto estuvo inspirada en los ideales de las rebeliones en Túnez y en Egipto. Sin embargo, el panorama es un tanto diferente en Libia, un país donde han predominado poderosas estructuras de mando tribales y donde no ha habido una pujante sociedad civil como la que dio al traste con el gobernante egipcio Hosni Mubarak. A todas luces en Libia no es cosa de llevar a cabo reformas políticas bajo la tutela del ejército, como en Egipto.

Aunque el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó el 17 de marzo la Resolución 1973 para establecer una zona de exclusión aérea, y desde entonces las fuerzas de la coalición han estado destruyendo aviones, aeropuertos y hasta tanques de Gadhafi, el mandato de la ONU no es para derrocar al gobernante libio. Y algunos países europeos todavía tienen dudas de a quién representa realmente el opositor Consejo Nacional de Transición, la única cabeza visible de los rebeldes.

De manera que, aunque la OTAN asuma directamente el mando de esas operaciones, con la suma de países árabes como Qatar y los Emiratos Arabes Unidos, parece poco probable el escenario de una arrolladora victoria militar a menos que Gadhafi deponga las armas. Por lo que ya se dice que los aliados estarían considerando armar a los rebeldes en vista de que los ataques aéreos no han logrado desvertebrar lo suficiente a las fuerzas de Gadhafi.

Esta última variante, a expensas de que pueda demostrarse que la Resolución de la ONU otorga suficiente flexibilidad para permitirla, deja abierta las puertas a un segundo escenario, el de una guerra que se prolongaría quién sabe por cuánto tiempo más. Turquía, país miembro de la OTAN ha reiterado que se opone a una intervención militar directa de la alianza en Libia.

Baste recordar que desde 1978, hay cascos azules de la ONU en el Líbano; desde hace ya 10 años, las tropas de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad en Afganistán combaten en ese país, y desde 2007 existe un contingente militar de paz de la Unión Africana (UA) en Somalia que no ha conseguido impedir que ese país permanezca trágicamente fragmentado.

El tercer escenario posible en Libia, el de una salida pacífica negociada, parece haber cobrado fuerza en los últimos días. Se dice que Francia y el Reino Unido estarían “cocinando” una opción más viable. En Etiopía la UA ha estado haciendo otro tanto. Y el propio presidente francés, Nicolás Sarkozy, declaró que “habrá una iniciativa franco-británica para mostrar que la solución no es sólo militar”. Probablemente se sepa el martes entrante en una reunión que habrá en Londres.

Por lo pronto, no hay nada seguro salvo que los combates entre Gadhafi y los rebeldes siguen, y que Idriss Deby , presidente de Chad –país vecino de Libia-, dijo que los terroristas del grupo Al Qaeda del Magreb Islámico se han aprovechado de la situación para robar armamento de los arsenales libios, incluidos misiles tierra-aire. De modo que los peligros generados por el conflicto siguen siendo muchos.

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