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Las víctimas de la guerra

  • Voz de América - Redacción

En las modernas fuerzas armadas estadounidenses, algunas madres van a la guerra, y los padres quedan atrás para cuidad a sus hijos.

En las modernas fuerzas armadas estadounidenses, algunas madres van a la guerra, y los padres quedan atrás para cuidad a sus hijos.

Las familias de los militares estadounidenses cargan con el dolor de la guerra contra el terrorismo.

Desde el 11 de septiembre de 2001, las fuerzas armadas de Estados Unidos han sido llamadas a luchar en la guerra global contra el terrorismo. Algunos soldados han ido a la guerra varias veces durante los pasados 10 años y la Voz de América preguntó a sus familiares cómo han enfrentado años de separación en Fort Lewis, Washington.

Jennifer Huggins tenía solo 4 años cuando terroristas atacaron Estados Unidos en 2001. Y desde entonces, su padre, el coronel Barry Huggins, ha pasado más de cuatro años en la guerra. El tiempo con él es valiosísimo.


“Me encanta ir a cenar con él y poder hablar con él, atesoro esos momentos porque sé que cuando se vaya no voy a poder hacerlo, entonces, me encanta salir con él”, expresó Huggins.


Los estrechos vínculos entre los miembros de la familia de Huggins ayudan, pero algunos estudios muestran que los hijos de soldados desplegados por largos períodos de tiempo, a menudo, sufren de depresión y ansiedad.


“Es difícil saber que puede ser que no regrese y es muy triste que no esté para grandes momentos en tu vida. Aprendes a adaptarte a ello y tratas de mantenerlo informado aun si no está allí, y haces todo lo que puedes por mantenerlo como una gran parte de tu vida”, agregó.


Los padres a veces eleigen proteger a sus hijos de la difíciles verdades de la Guerra. Es eso que hizo la madre de Jennifer, Michelle, hace cinco años cuando su esposo fue herido en una ataque suicida con explosivos.


“Dijimos que papá había tenido un pequeño accidente, vaya, se resbaló y cayó, porque no podia mirar en la cara a mi hija de 9 años y decirle que un hombre se inmoló frente a tu padre y él resultó herido por eso y después, a propósito, él va a estar ausente por 12 o 15 meses”, dijo Michelle.

Pero algunas verdades son demasiado terribles para ocultar. La guerra dejó viuda a Lisa Hallett con tres pequeños niños.

“Es aún un concepto que es muy difícil que ellos entiendan, que papá no está aquí y que no va a regresar”, señaló Hallett.

El esposo de Lisa Hallett, el capital John Hallett, murió en Afgansitán en 2009.

“Nunca en mis más descabellados sueños pensé que mi esposo iba a ser muerto en combate”, añadió.


En las modernas fuerzas armadas estadounidenses, algunas madres van a la guerra, y los padres quedan atrás para cuidad a sus hijos. La especialista Shauna Fizer fue desplegada a Irak cuando su hijo Devon tenía solo siete meses. “Es probablemente una de las peores cosas con la que he tenido que lidiar”.

Fizer retornó herida a su casa tres meses más tarde, sin poder caminar. Devon no la reconoció.


“Le tomó casi una semana para comenzar a realmente a reconocerme, entonces eso fue muy difícil, ver que no quería que lo tuviera en mis brazos, aunque hacía un par de meses nunca lo dejaba, siempre estaba en mis brazos”, añadió Fizer.


La separación constante y reiterada afecta. Erin O’Connor ha estado sin su esposo durante tres de los pasados ocho años.


Erin O'Connor pienso que “aunque siempre hay temor de que tu esposo no regrese a casa, es algo que realmente entierras en lo profundo adentro y no es algo con lo que tratas diariamente o no vas a hacerlo. Y cuando se van, sabes en tu mente ese temor, pero es algo de lo que no hablas, porque no puedes. Nunca dejarías que salga de la puerta si realmente piensas que eso era una posibildiad”.


Las fuerzas armadas estadounidenses son una fuerza voluntaria. Pero en tiempo de guerra eso no hace que las dificultades o el sufrimiento sean más fácil de sobrellevar.

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