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La mujer al mando de Harvard

  • Susan Logue

La presidenta de Harvard dijo que creció en una época en que no se esperaba mucho de las mujeres.

La presidenta de Harvard dijo que creció en una época en que no se esperaba mucho de las mujeres.

Harvard está al mando de una mujer por primera vez desde 2007. VOA habló con la presidenta sobre su trabajo y qué futuro vislumbra para la institución.

La Universidad de Harvard probablemente es una de las universidades más prestigiosas del mundo. Fundada en Cambridge, Massachusetts, en 1636, es una de las más antiguas de Estados Unidos.

En 2007, la Universidad de Harvard nombró a su historiadora Drew Gilpin Faust como su presidente número 28. Ella es la primera mujer en ocupar esa posición.

Modelo a seguir

Otras universidades estadounidenses han sido dirigidas por mujeres. Pero cuando Harvard nombró a Faust como su primera mujer presidenta, el mundo tomó nota.

“En una conferencia de prensa después de que anunciaran mi nombramiento, alguien me preguntó algo acerca de cómo era ser la primera mujer presidenta de Harvard”, recuerda Fausto. “Mi respuesta, que no había pensado de antemano, fue que no era una mujer al mando de Harvard, sino que era presidenta de Harvard”.

Pero Faust se dio cuenta de que ser la primera mujer en ocupar esa posición importaba a mucha gente.

“Las reacciones a mi nombramiento de jóvenes y mujeres de todo el mundo, de los padres de las jóvenes chicas, fue tan emocionante”, dice. “Encontraron en mi nombramiento un indicio de esperanza y de aspiraciones en los que ellos o sus hijos podían respaldarse”.

Eso, dice, le hizo reconocer que “ser la primera mujer presidenta de Harvard tiene mucha importancia y es muy significativo, y no debo olvidar eso”.

Rompiendo barreras

Fausto es un modelo para las jóvenes de hoy. Pero de joven ella no tenía a nadie en quien inspirarse. Nunca soñó con llevar una vida en el mundo académico y mucho menos ser presidenta de una universidad tan prestigiosa.

“Crecí en una época en la que se esperaba muy poco de las mujeres”, dice. “Se anticipaba que, probablemente, me casaría y sería una esposa y madre. Había poca discusión sobre lo que sería una vez que creciera más allá de eso”.

Su madre, que nunca trabajó fuera del hogar, no alentaba las ambiciones de Faust. “Mi madre formaba parte de las visiones tradicionales de lo que debía ser una mujer”, dice Faust, quien agregó que su madre parecía sentirse muy enojada de tener opciones tan limitadas para crecer.

Según la presidenta, cuando ella se rebelaba o imaginaba algo mejor para sí misma, su madre le decía: “Este es un mundo de hombres, cariño, y cuanto antes lo entiendas más feliz serás”.

Pero Faust fue capaz de tomar ventaja de una creciente ola de oportunidades para mujeres en la década de los 60. Lamentablemente, su madre no vivió para presenciar su éxito. Murió cuando Faust tenía 19 años.

Costo de aprendizaje

Desde que asumió la presidencia de Harvard, Faust ha convertido en una prioridad garantizar que el costo de la educación en una universidad privada de élite no impida a los aspirantes talentosos a aplicar para estudiar allí.

La matrícula anual, alojamiento y comida para un estudiante de Harvard es de más de $50.000 dólares, pero la mayoría de los estudiantes pagan mucho menos.

Faust dice que el 60 por ciento de los estudiantes reciben ayuda financiera de la universidad. “Y de esos estudiantes, el costo de la educación es sólo alrededor de $11.000 al año. Y para los estudiantes de familias con ingresos menores a $60.000 al año, no se espera que haya una contribución de los padres”.

Modelo de educación

Las responsabilidades de Faust como presidenta de Harvard la han llevado a muchos rincones del mundo. Ella dice que la educación universitaria en Estados Unidos es vista como un modelo en muchos países.

Recuerda una reunión que tuvo con un grupo de presidentes universitarios en China el año pasado: “Querían hablar conmigo sobre las artes liberales y humanidades, y la forma en la que podían introducir algunas de estas perspectivas en su sistema universitario, para generar la imaginación, curiosidad y creatividad que veían como una característica de la educación universitaria estadounidense”.

Es una lección que los estadounidenses deberían tener en mente, dice Faust. En estos tiempos de dificultades económicas, la educación debe preparar a una persona para toda la vida, no sólo para su carrera, asegura.

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