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La marcha de las Tortugas

  • Voz de América - Redacción

Los veraneantes respetan las áreas donde se encuentran los nidos de tortugas marinas en las playas del sur de la Florida.

Los veraneantes respetan las áreas donde se encuentran los nidos de tortugas marinas en las playas del sur de la Florida.

Las costas atlánticas del sur de la Florida ofrecen, entre los meses de mayo y octubre, la oportunidad de asistir a un fenómeno milenario, el nacimiento de las tortugas marinas.

Son poco más de las ocho de la noche en las playas de Pompano Beach, en el sur de la Florida, apenas a unos 40 minutos al norte de Miami por la costa Atlántica.

El tórrido verano con temperaturas que no bajan de los 35 grados, ofrecen una tregua a los veraneantes al llegar la noche. Sin embargo, cuando la mayoría ya se ha ido a cenar o a caminar por las áreas comerciales, en la playa y para unos pocos, la acción recién comienza.

“Han comenzando a salir burbujas, seguramente están descansando antes de emerger definitivamente del nido”, afirma una de las voluntarias del programa “Save The Sea Turtle”, lo que en español sería: “Salvar a las tortugas marinas”. La voluntaria está observando uno de los miles de nidos de tortugas marinas que han sido identificados en las playas atlánticas del sur de la Florida, a la espera del nacimiento de la camada.

Son exactamente a las 8:20 de la noche y las primeras pequeñas tortugas, de poco más de cinco centímetros desde la cabeza a la cola, comienzan a emerger del nido de más de medio metro de profundidad, que 45 días antes construyó su madre para depositar los huevos. Subir por la arena hasta la superficie es sólo el primer paso.

El centenar de tortugas marinas recién nacidas que acaba de emerger son seguidas de cerca por la responsable del grupo conservacionista, que rápidamente las cuenta para integrar luego la información en la base datos. Mientras tanto, las pequeñas tortugas comienzan a recorrer los 20 metros que las separan del mar. La marcha de las tortugas marinas ha comenzado.

Los voluntarios forman una herradura por detrás del grupo de pequeñas tortugas, para acompañarlas en su descenso hasta el mar y sobre todo, para rescatar a aquellas que se desorientan debido a las luces de los edificios. Solamente los responsables por el grupo conservacionista están autorizados a tocar a las tortugas recién nacidas. La emoción de adultos y niños es palpable, al ser testigos de un fenómeno que se repite desde hace miles de años.

Algunos alertan a los conservacionistas, “aquí hay una que ha perdido el rumbo”, e inmediatamente corre hacia el lugar, mirando muy bien donde pone sus pies, en medio de la penumbra que ya baña la playa, para no pisar a ninguna de las tortugas, recoge a la retrasada y la coloca en un balde con arena húmeda de la playa. Será una de las decenas que durante buena parte de la noche ayudará a llegar a la orilla, donde volverá a depositarla en la arena para que haga su ingreso al mar por sus propios medios, con la siguiente ola.

Una entre miles

De acuerdo a las estimaciones, sólo una en diez mil tortugas marinas que nacen, consiguen llegar a la edad adulta. Y sólo regresarán a las playas donde nacieron dentro de 20 años, cuando alcancen la madurez sexual y sean capaces de reproducirse.

El programa estima que durante las últimas décadas y sobre todo debido a la iluminación de los edificios construidos cerca de las playas, un 75% de las tortugas marinas que nacían ni siquiera conseguían llegar al océano, debido a que se desorientaban y se perdían en la arena sin nunca llegar al mar. La falta de esos miles de tortugas cada año, seguramente se notará en las próximas décadas, por lo cual existe una gran preocupación por tratar de asegurar de que el mayor número posible de las que ahora están naciendo, lleguen al mar.

La oscuridad de la noche les ofrece a las recién nacidas, protección contra las aves marinas. Sin embargo, una vez en el agua, buena parte de las pequeñas tortugas serán presa fácil de los muchos peces que esperan por ellas cerca de la costa. Las que consigan sobrevivir, aún deberán nadar por millas hasta llegar a la corriente del Golfo, e iniciar un recorrido prácticamente transatlántico, que las llevara de paso por las Islas Azores y las Islas de Cabo Verde, antes de regresar a las costas estadounidenses.

Los corales y las medusas son algunas de sus fuentes de alimentación durante el viaje. Las bolsas de plástico que flotan en el mar, son a la vez uno de los mayores peligros, porque al confundirlas con medusas las ingieren y mueren. También las redes de arrastre de los barcos de pesca de las que no pueden escapar son una trampa mortal, por lo cual las regulaciones a la pesca comercial en las áreas protegidas es también relevante, para asegurar la continuidad de las tortugas marinas, uno de los animales más antiguos de los que habitan el planeta.

Tener la oportunidad de asistir al inicio de la Marcha de las Tortugas Marinas, o incluso, con un poco de suerte tener la oportunidad de ver salir del mar a una de las enormes tortugas adultas que llegan a depositar sus huevos en la playa, ofrece una visión diferente respecto del valor de la vida silvestre del planeta. Es además, una buena herramienta para despertar la conciencia sobre la importancia de respetar la integridad de los ambientes naturales y la convivencia con las especies que lo habitan.

A los voluntarios y colaboradores los une la emoción de acompañar a las recién nacidas en el inicio de su camino. Son unos pocos instantes en medio de la noche, del cual no quedarán fotos, sólo el recuerdo emotivo en la memoria. Son momentos donde no faltan las palabras de aliento, la desazón cada vez que alguna cae dentro de una huella que alguien dejó en la arena y la alegría al verlas superar los obstáculos, y seguir su camino hacia el mar, como lo hacen dese hace miles de años.

Es la oportunidad incluso para soñar. Soñar que esa tortuga, a la que durante esos escasos minutos de intensa conexión afectiva con la naturaleza, incluso algunos hasta se animan a darle un nombre, en un par de décadas regrese a estas mismas playas.

Entre los logros de los grupos conservacionistas se destaca que entre mayo y octubre de cada año se ha logrado asegurar la protección de los nidos, ubicados en medio de las playas donde miles de veraneantes toman sus vacaciones cada año. La reducción de la iluminación de los edificios y los restaurantes próximos durante la noche en plena época de los nacimientos. La limpieza de las playas y la colaboración de los hoteles que durante la noche retiran todas las sillas de la playa para evitar crear obstáculos artificiales. Y la participación de más voluntarios cada año, los que entre las 8 de la noche y las 2 o 3 de la madrugada, se instalan en la playa, cerca de los nidos que están próximos a eclosionar, para acompañar la Marcha de las tortugas marinas.

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