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La imperfección del fútbol


Carlos Tévez abre el marcador ante México tras recibir el pase de Lionel Messi cuando estaba inhabilitado por un claro fuera de juego.

Carlos Tévez abre el marcador ante México tras recibir el pase de Lionel Messi cuando estaba inhabilitado por un claro fuera de juego.

La FIFA ha optado por prohibir la repetición de las jugadas polémicas en las pantallas gigantes de los estadios.

No, claro que no es perfecto. Ni siquiera es justo. Pero es parte del juego.

En el fútbol los errores arbitrales son una posibilidad, una eventualidad y eso lo saben todos los que juegan o ven fútbol en todo el mundo.

Por tanto, son muy aceptables los cuestionamientos de los modernistas que reclaman el apoyo de la tecnología para los árbitros, pero no sirven para hoy, son para mañana.

Ciertamente, a nivel del Mundial, tampoco son aceptables las excusas que el bueno de Joseph Blatter –el presidente de la FIFA–, sigue dando de porque aún no ha sido adoptado el uso de tecnología. La misma que desde hace años ya emplea el football estadounidense o incluso el tenis –con la excepción de Roland Garros, que prefiere mantenerse en la prehistoria y que además tampoco quiere techar el estadio principal-, para apoyar la labor arbitral, reducir los errores y hacer más justo el juego.

La repetición inmediata de las jugadas polémicas, usando pantallas gigantes o al menos monitores –como en el football–, para que el árbitro pueda verificar o corregir sus decisiones si es el caso, en el mismo momento, ya ha dejado de ser una posibilidad, para transformarse en una exigencia y una realidad.

Posiblemente, la omnipotente y todopoderosa FIFA, impulsora del Fair Play, el juego limpio, acepte más temprano que tarde, la inclusión dentro de sus reglas el uso de la tecnología que ya está disponible para mejorar la competitividad en el fútbol.

Las 32 cámaras en los estadios de Sudáfrica, permitirían perfectamente usar la tecnología para hacer el juego más justo. Claro que lo que ahora falta es la instrumentación reglamentaria.

Sin embargo, el paso dado por el organismo rector del fútbol ha sido exactamente en la dirección contraria. Una especie de, “tiene razón, pero marche preso”.

La FIFA ha optado por prohibir la repetición de las jugadas polémicas en las pantallas gigantes de los estadios. Y por una cuestión de higiene, se han lavado las manos respecto a lo que ya ha pasado. O como dijo el portavoz de la FIFA, Nicolas Maingot, “no comentamos decisiones concretas. Nosotros trabajamos permanentemente en la mejora del arbitraje, pero no comentamos acciones concretas”.

Sin embargo, Maignot también explicó que la decisión fue tomada por “razones de seguridad”. Lo cual no deja de ser censura. No vaya a ser que los jugadores y fanáticos reaccionen mal y le arruinen la fiesta de imágenes con sus 32 preciosas cámaras y la super-cámara lenta incluida.

Mientras tanto, de nada vale “la gran Capello” del técnico italiano Fabio Capello, que se sigue quejando del fallo arbitral por la eliminación de su equipo.

El entrenador olvida convenientemente que su equipo, Inglaterra, se ganó el legítimo regreso a Londres tras jugar cuatro partidos, ganar uno por la mínima diferencia, empatar dos agónicamente y perder uno por goleada.

Más elegante fue la salida de mexicano Javier Aguirre, que prefirió asumir la responsabilidad por la derrota ante Argentina. "Al final de la jornada hay cosas que hicimos mal, que hice mal”, reconoció.

En definitiva, el fútbol tiene a través de su larga historia de más de un siglo como deporte globalizado una serie de sucesos cuestionables relacionados a fallos arbitrales.

En 1966, Gran Bretaña logró su única Copa del Mundo en Wembley, en una jugada casi idéntica a la del gol no validado en Sudáfrica, también ante Alemania, 44 años después.

También en 1982, “la Mano de Dios” de Diego Maradona se metió en la historia.

Así como la mano de Thierry Henry que llevó a Francia a la Copa y eliminó a Irlanda del Norte en 2009, fue otro ejemplo.

No menos relevante fueron en pleno 2010, los dos goles anulados a Estados Unidos, uno contra Eslovenia y otro contra Argelia, el primero misteriosamente y el segundo por un fuera de juego inexistente.

O, “los brazos de Dios” del brasileño Luis Felipe contra Costa de Marfil.

Pero nadie puede olvidarse que en fútbol la memoria es muy corta. Y lo que fue un drama hoy, mañana puede ser fácilmente olvidado.

Bien podría decirse que los errores arbitrales no sólo son parte del juego, para bien o para mal, sino que además, es parte de la imperfección del fútbol.

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