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La alegría tiene color celeste

  • Federica Narancio

Un grupo de jóvenes hizo tambalear un ómnibus, al que se subieron para festejar la victoria celeste.

Un grupo de jóvenes hizo tambalear un ómnibus, al que se subieron para festejar la victoria celeste.

Uruguay fue el anfitrión de una gran fiesta. Caras pintadas, banderas flameantes, gritos de alegría, tambores y hasta las molestas vuvuzelas, fueron los sonidos e imágenes que se replicaron en todo el país.

Pasaron 40 años, pero Uruguay finalmente está entre los cuatro primeros del mundo.

Tras la ansiedad del alargue y de los penales, los uruguayos renovaron la esperanza y salieron a las calles a celebrar.

Las postales de la victoria eran emocionantes. En 18 de Julio, una de las principales avenidas de Montevideo, miles de personas agitaron las banderas de Uruguay.

En Avenida Brasil y la Rambla, parecía un carnaval. Por allí no pasó ni un coche: el tránsito estuvo completamente paralizado.

Y en la otra punta de la ciudad, en Carrasco, un grupo de jóvenes se subió a un ómnibus estacionado y lo hizo tambalear con sus saltos.

Por todos lados, sonaron bocinas cómplices. Los conductores asomaban la cabeza al riesgo de chocar para gritar “¡viva Uruguay!” a los transeúntes.

“Mirá a la gente cantando, qué lindo, todos en la calle por lo que ha logrado esta selección”, dijo un relator de fútbol, emocionado.

Más allá del triunfo, lo que estuvo en boca de los uruguayos es que “el país está unido como nunca antes”. Y eso, en definitiva, es lo que los hace feliz.

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