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La cultura del miedo


El grupo Estado islámico busca generar un efecto de telaraña que conecte un tema con el otro.

El grupo Estado islámico busca generar un efecto de telaraña que conecte un tema con el otro.

En el período posterior a las tragedias mundiales perpetradas por el autodenomidado “Estado islámico” o ISIS, la reacción de la comunidad internacional es entendible y esperada, pero hay algo que nos hace falta entender.

Los eventos que han procedido las tragedias de París, Beirut y el derribo del avión ruso sobre Egipto tienen algo en común: el miedo que colectivamente ha diseminado sobre la comunidad internacional este grupo terrorista, especialmente en el hemisferio Oeste.

Este ‘miedo’ toma forma en el bloqueo total de Bruselas, la retórica política sobre los refugiados sirios entrando a Estados Unidos, la falta de transparencia de las autoridades, y los eternos rumores que circulan las redes sociales.

Aunque es importante mantener un nivel de alerta, también toca reconocer que esto es exactamente lo que busca ISIS en su campaña de terror contra el Oeste.

Buscan generar un efecto de telaraña que conecte un tema con el otro, y que rápidamente logre ampliar el radio de impacto virtual y físico que causaron sus ataques hace unas semanas. Así, ISIS utiliza los resultados como combustible para su operación de propaganda, que es su arma más potente.

“La avalancha de videos y declaraciones realizadas después [de los ataques en París] dejó claro que el objetivo primordial del Estado Islámico no es sólo infligir terror a un adversario, sino también comandar a una audiencia global", reportan Greg Miller y Souad Mekhennet en su artículo reciente del Washington Post.

Otros mayores reportajes de los últimos meses han expuesto precisamente qué tan amplio es el brazo propagandista de estos extremistas. Tienen su propia revista de propaganda llamada Dabiq, muy profesional, de nivel artístico y publicada en varios idiomas. También poseen varias cuentas de Twitter, de Facebook, y canales de YouTube donde publican videos con una escenografía calculada y excelentemente producidos.

Estos videos tienen una clara estrategia de ‘mercadeo,’ sobre la que Miller y Mekhennet comentan, donde divulgan videos que representan al califato como una utopía de paz y de vida próspera, igual que videos de violencia incontrolable y decapitaciones públicas. Esta logística busca conquistar las mentes de una audiencia dividida, varios son musulmanes marginados en el Oeste, y busca amenazar a sus adversarios y despertar alarma y temor en la población que ellos consideran enemiga.

Sus videos y publicaciones tienen una audiencia global, y su efectividad se ha demostrado en los miles de soldados extranjeros que han migrado al Estado Islámico, en busca de su respuesta espiritual o cualquier otro sea su motivo.

Considerando esto se puede argumentar que, paradójicamente, ISIS es más vulnerable en lo que los hace más fuertes, su propaganda. Si se logra avergonzar al “Estado islámico,” exponiéndolos virtualmente y derribando su imagen pública, podría haber un avance significativo en su decadencia.

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