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¿Estamos bajo estricta vigilancia?


La ciudad de Nueva York cuenta con cámaras de circuito cerrado en muchas de sus esquinas.

La ciudad de Nueva York cuenta con cámaras de circuito cerrado en muchas de sus esquinas.

Los ataques del 11 de septiembre de 2001 cambiaron la vida de muchos residentes e incluso, transformó la arquitectura de muchas ciudades.

Las cámaras de seguridad ahora forman parte de nuestra arquitectura urbana.
En las principales calles de Estados Unidos se puede observar, por lo menos, una cámara de seguridad que vigila nuestros movimientos.

Antes era normal ver estos equipos de vigilancia en instalaciones de centrales nucleares, zonas reservadas para actividades militares o quizás en los cajeros automáticos.

Con el paso del tiempo, la seguridad aumentó y esta forma de vigilancia se comenzó a ver en comunidades cerradas, edificios controlados, bancos e incluso en guarderías.

Pero hoy, el ambiente es otro. Estas cámaras, más sofisticadas día a día, se pueden ver colgando de la esquina de un edificio desde donde nuestros movimientos son captados, grabados y archivados por largos periodos de tiempo.

Controlando la delincuencia
En Estados Unidos, ciudades como Miami, Nueva York, Los Angeles y Washington, cuentan con cámaras de circuito cerrado en muchas de sus esquinas.

En la ciudad de Tampa, en Florida, algunos aparatos han sido instalados en parques públicos. Según los expertos, estos artefactos tienen dos propósitos: prevenir los actos terroristas y frenar la delincuencia urbana.

El ejemplo ha sido adoptado por otras ciudades a lo largo y ancho del país, especialmente en parques donde se realizan programas deportivos después del horario escolar. De hecho, desde la instalación de cámaras de circuito cerrado, algunos de los graffitis en los parques de Tampa y Miami, se han reducido.

“La presencia de cámaras es una ayuda para ahuyentar de los parques a los depredadores sexuales”, afirmó a la Voz de América, Giovanni Talgier, padre de familia y experto en vigilancia electrónica en Miami.
Algunos no están de acuerdo
Los defensores de las libertades civiles denuncian que la presencia de cámaras es exagerada.

Hace 20 años, según los expertos, la medida habría sido considerada demasiado irreal, pero después de los atentados del 11 de septiembre, son más los grupos que aceptan la presencia de cámaras en las esquinas.

La ciudad de Nueva York cuenta con al menos 10.000 cámaras de seguridad desplegadas en toda la urbe. Manhattan cuenta con más de 4.000.

La Unión de Derechos Civiles de Nueva York (NYCLU) debate sobre cómo estas cámaras limitan la privacidad del individuo, mientras que otros aseguran que combaten efectivamente el crimen y en especial el terrorismo.

Las cámaras de vigilancia lograron identificar a los terroristas que perpetraron los atentados ocurridos en Londres en 2005.

Pero no se trata sólo de cámaras instaladas por el gobierno. En Nueva York existe un sin numero de cámaras apostadas en bancos, tiendas y hasta en las entradas de edificios residenciales. Sin embargo, Donna Lieberman, directora de NYCLU, considera que “nadie tiene una idea de cuántas hay en realidad”.

Pese a las críticas sobre la “constante vigilancia sobre el individuo”, la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU), considera que se puede aceptar su uso, siempre y cuando se realice de forma responsable.
Apoyo humano
Algunas ciudades se rehúsan al concepto de adornar la arquitectura urbana con cámaras de vigilancia.

Según Adam Isacson, del Centro de Políticas Internacionales con sede en Washington, países como Israel “no se apoyan tanto en tanta tecnología” para combatir el terrorismo, usan el recurso humano.

Isacson cree que la tecnología es de gran ayuda, pero no debemos separarnos del conocimiento humano y de la interacción con los individuos.

“Tenemos personal equipado entrenado para no mirarnos la cara, casi ni siquiera hablar con nosotros, solo pasarnos por el escáner. Creo que hay demasiada confianza en la tecnología”, agregó el doctor Isacson.

Copiando la vigilancia
En Londres, por ejemplo, existen 4 millones de cámaras de seguridad, lo que convierte a Inglaterra en el país más vigilado de Europa.

Francia tiene un estimado de 60.000 cámaras de este tipo en sitios públicos.

La medida esta siendo copiada en algunos países de América Latina. Panamá por ejemplo, acaba de instalar más de 300 cámaras en la capital.

En Bogota, la capital de Colombia, el servicio de buses conocido como “Transmilenio” está siendo vigilado por unas 226 cámaras, conectadas directamente a la policía capitalina.

En Buenos Aires, Argentina, más de 700 cámaras han sido instaladas para combatir la delincuencia urbana. Algo que la mayoría consideran de mucha utilidad.

“Tenemos barrios peligrosos, o cajeros automáticos en zonas peligrosas. Estas cámaras definitivamente ayudan a reducir la delincuencia”, explicó Alejandro Cámaro, quien reside en Buenos Aires.

Mantenimiento
Pero la inversión en seguridad tiene un precio y es el mantenimiento de las mismas.

Según la alcaldía de Bogota, en Colombia, de 230 cámaras de vigilancia, sólo 195 funcionan correctamente.

Según expertos en instalaciones de estos equipos, el costo no está en la tecnología, sino en los “extras”.

“Las cámaras son costosas, pero relativamente barata, estamos hablando de tres a cinco mil dólares, pero la instalación y el mantenimiento mensual de la cámara es lo que hace costoso el sistema”, explicó Luis Fernando García, gerente general de Robotrónica, una empresa colombiana dedicada a la instalación de cámaras de seguridad.

Según García, el mantenimiento de estos equipos se incrementa además por razones geográficas.

“Una cámara instalada cerca de una zona marítima, o cerca de un balneario, es más costoso su mantenimiento dada la salinidad. La sal daña los circuitos y hace que el costo de mantenimiento se incremente”, explicó García.

La presencia de las cámaras de vigilancia en los edificios, alumbrado eléctrico y hasta en los semáforos se ha convertido en un auténtico requerimiento urbano. Otros de los cambios sociales que se dieron a partir de los ataques del 11 de septiembre de 2001.

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