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Los estadounidenses y sus cubículos

  • Voz de América - Redacción

A este tipo de oficinas, llenas de estas cajas individualizadas, se les conocen como “granjas de cubículos”.

A este tipo de oficinas, llenas de estas cajas individualizadas, se les conocen como “granjas de cubículos”.

Actualmente, estos módulos se han convertido en símbolos de conformidad y un poco de privacidad.

Todos los días, y desde luego el domingo, cuando muchos periódicos producen una sección de tiras cómicas, millones de estadounidenses leen la serie titulada “Dilbert”, creada por el dibujante Scott Adams. Esta narración es una sátira de la vida laboral de los trabajadores de “cuello blanco”, sobre todo de aquellas personas que laboran en espacios cerrados denominados “cubículos”.

La revista Fortune, que escribe acerca de las personas que hacen fortunas, una vez dedicó una de sus historias a los trabajadores conocidos como "abejas obreras" del mundo empresarial.

Estos se sientan dentro de estos "módulos", como se les llama, separados por muros y escritorios a la altura de los ojos, todos fácilmente intercambiables. Estas paredes móviles están diseñadas para ofrecer a los trabajadores por lo menos un poco de privacidad, indica el artículo.

Como Fortune presenta la historia, Robert Propst, un joven diseñador industrial en la región central del estado de Michigan, soñó con el cubículo de la oficina en 1968.

Muy pronto, oficinas laberinto o “granjas de cubículos” surgieron por todas partes. Rápidamente, todos los que estaban por debajo del rango de vicepresidente empezaron a desarrollar sus actividades desde estas cajas de oficina, idénticas una tras otra y usualmente mostrando la foto de la familia o del perro.

Actualmente, los cubículos están ridículamente cargados de símbolos de conformidad y con sus habitantes y sus clones.

Incluso la parte de la privacidad no funcionó, ya que los empleados no pueden evitar escuchar las conversaciones y llamadas telefónicas de sus colegas.

Muchas personas, por ejemplo el caricaturista Adams, han tratado de humanizar estos estériles cubículos. En la vida real, él incluso ha diseñado lo que define como el “cubículo ideal”, que permitiría a los ocupantes cambiar el tipo de piso que tiene y la iluminación. Incluso le agregó una pecera. Pero al final una caja es una caja.

Antes de morir en 2000, Bob Propst, el padre del cubículo, dijo a sus amigos que estaba arrepentido, y lo había estado toda su vida, de haber presentado esta idea al mundo. Describió su invento como un acto de “locura monolítica”.

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