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Estado islámico diversifica flujo de ingresos

  • Voz de América - Redacción

Los miembros del Estado islámico buscan maximizar gannacias.

Los miembros del Estado islámico buscan maximizar gannacias.

Dada la baja en los precios del petróleo, el grupo extremista busca formas de generar recursos para continuar el califato.

La coalición que lucha contra el Estado islámico ha buscado cortar su principal fuente de financiación, el contrabando de petróleo, al bombardear pozos en Siria y su infraestructura de transporte.

Sin embargo, analistas y residentes del territorio controlado por el grupo advierten que la organización yihadista tiene muchas otras formas de financiarse, incluyendo pagos por rescate de rehenes.

El Estado islámico secuestró al menos a 90 personas esta semana desde aldeas cristianas en el noreste de Siria.

No se sabe si el grupo extremista ejecutará a los asirios o pedirá rscate, dado que cientos de lugareños cautivos han sido liberados tras el pago de rescates, según activistas, lo mismo varios secuestrados europeos que fueron liberados.

Rescate

El pago de rescates ha generado ingresos considerables para los terroristas, pero representan sólo una parte de la economía del grupo.

Activistas políticos en Raqqa, la sede del grupo, dice que los extremistas cobran en efectivo por suministrar a la capital siria de Damasco de gas natural y electricidad.

"Acuerdos secretos están siendo firmados entre EI [Estado Islámico] y el régimen de Assad", dijo Abu Ibrahim, activista del grupo opositor Raqqa es Sacrificada en Silencio, que documenta el gobierno opresivo de los extremistas.

El grupo controla varias presas en Siria, incluyendo Teshreen y Al Ba'eth.

La interrupción de la financiación del grupo ha sido una parte clave de la estrategia de la coalición liderada por EE.UU. desde que se iniciaron los ataques aéreos.

El Consejo de Seguridad de la ONU adoptó una resolución contra el terrorismo el año pasado que obliga a los estados miembros a congelar el financiamiento para los grupos terroristas.

Una alta proporción de los dos mil ataques aéreos de la coalición han impactado instalaciones de petróleo y las rutas y camiones de los militantes que utilizan para transportar petróleo crudo para la venta en los países vecinos, como Turquía.

El dinero del contrabando de petróleo se utiliza para pagar los sueldos de los extremistas y financiar las operaciones militares.

El grupo produce entre 300 y 500 barriles de petróleo al día, según el Comando Central de EE.UU.

Funcionarios estadounidenses señalan que un mayor esfuerzo de parte de Turquía para frenar el contrabando en su frontera, y la crisis mundial de los precios del petróleo, ha reducido los $2 millones de dólares diarios que el grupo ganaba a la mitad.

Sin embargo, funcionarios estadounidenses reconocen que privar a la organización yihadista de petrodólares sigue siendo una tarea monumental.

El grupo sólo recibe alrededor de cinco por ciento de sus ingresos de donaciones de simpatizantes ricos del Golfo Pérsico, pero es financieramente inteligente y altamente organizado en el uso de los habitantes del territorio que controla para generar ingresos.

Gestión de recursos

Los activistas hablan de una empresa despiadada y empresarial dirigida por jefes decididos a asegurar cada centavo de ganancia.

Líderes militantes priorizan rápidamente lo que debe ser saqueado tras ocupar un nuevo territorio, y hay una gestión rigurosa de los recursos.

"Los combatientes no roban para sí mismos, no se atreven a hacerlo", dice Abdullah, un activista de la oposición en Tel Rifaat al norte de Siria. "Todo es supervisado".

Los activistas políticos en Raqqa dicen que los militantes están decididos a compensar la pérdida de los ingresos petroleros.

Para ello, subastan propiedades incautadas. En Raqqa y otras ciudades sirias, incluyendo al-Bab, exigien renta de los residentes que viven en casas de propiedad pública y de los comerciantes de comercio de bienes de propiedad estatal.

También han exigido pagos únicos para cualquier renta que no se ha pagado al gobierno sirio, en algunos casos desde el inicio de la guerra civil en 2011.

"Las cantidades son grandes y han aumentado la renta", dice Mohammed, un estudiante de al-Bab, cuyo padre dirige una tienda en Raqqa. Se negó a dar su apellido por temor a represalias. "Ellos están exprimiendo todo el dinero que pueden".

Los cobros del grupo por el uso de energía, teléfonos de línea fija y servicios públicos son más altos que lo que cobra el gobierno de Assad.

"Estos impuestos generan un flujo de caja grande", dice Abu Ibrahim. El activista dice impuestos, alquileres y honorarios son recogidos por la agencia de seguridad militante al-Hisba cada mes.

Además, cobran aranceles sobre mercancías enviadas a territorio controlado por el grupo y fuertes multas impuestas a violaciones a la estricta ley islámica sharia, incluida la no asistencia a la mezquita o llegar tarde a la oración.

Las multas pueden incluir azotes e incluso la muerte para el más grave de los delitos, entre ellos el adulterio, el tabaquismo y el consumo de alcohol.

Pero con el fin de generar más ingresos, las fuerzas del orden se "adaptan" a la sharia.

Por ejemplo, se exigió a las tiendas en Raqqa cerrar en tiempos de oración, pero "ahora, usted puede evitar todo esto mediante el pago de una multa", dice Abu Ibrahim.

El consumo de drogas es un delito capital, pero los activistas dicen que los militantes están supervisando el cultivo de plantas de cannabis en las afueras de la ciudad para la venta en Turquía.

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