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España ante su rubicón

  • Pablo Vega

España se encuentra en medio de una crisis económica que pasará desapercibida en las mentes de sus ciudadanos si su selección de fútbol les da una alegría.

El aficionado español ya está pensando en el mundial. Aun cuando falta mucho para que comience, la participación española y los hinchas ya están esperando el momento en el que el balón ruede y (esperamos) se demuestren las credenciales de una selección que, esta vez sí, apunta alto.

Durante muchos años, hasta la Eurocopa del 2008, el español medio disfrutaba con los éxitos de sus clubes y de la universal rivalidad Madrid y Barcelona, con un entusiasmo que contrastaba radicalmente con la sensación de impotencia con la que se observaban los fracasos nacionales.

Algo ha cambiado, en España se inspira un ambiente de optimismo basado en la certeza de que, sin lugar a dudas, la selección se encuentra ante el momento que la puede consagrar como el gran equipo que triunfó en Austria y Suiza hace dos años.

El equipo, basado en las figuras nacionales de Madrid, Barça y Valencia (aderezado con las aportaciones de la Premier League) practica un fútbol ofensivo y vistoso que ha conseguido derrotar a todos los rivales en la fase de clasificación y a mantener un record de 33 partidos invictos. De hecho, en los dos últimos años el conjunto nacional sólo ha sufrido una derrota: contra Estados Unidos en la Copa de las Confederaciones.

Durante cuatro semanas el país se paralizará y el fútbol dominará cualquier conservación.

Nuestras esperanzas son también fruto del pesimismo y la decepción presentes en un país que está viviendo los momentos más duros de la crisis económica con una tasa de paro disparada al 20 por ciento.

El hecho es que España vive un momento glorioso en el terreno deportivo (Nadal, Alonso, Contador, Gasol, Lorenzo...) que permite a la sociedad española evadirse de una situación tan complicada.

Es más, sólo el Mundial de fútbol siempre ha sido un evento muy seguido en España, pero el hecho de que la selección se encuentre entre las favoritas por juego y resultados habrá ayudado a que la atención mediática se haya centrado mucho más en este aspecto que en otras ocasiones.

Sólo el duelo entre el Madrid y Barça (cuando escribo estas líneas todavía no se conoce el ganador) puede hacer sombra a un equipo que pasará la reválida de todo lo conseguido con anterioridad.

Comandado por Vicente del Bosque, ex entrenador del Real Madrid en la época de Zidane y Ronaldo, el combinado español posee muchas armas en varias líneas que le acreditan como una de las mejores selecciones del mundo: sólo con mencionar a Casillas, Ramos, Puyol, Xabi Alonso, Xavi, Cesc, Iniesta, Silva, Villa y Torres entre otros se puede llegar a comprender el potencial de esta selección.

Sólo la carga de partidos y las lesiones de algunas piezas claves como los Xavi, Cesc, Iniesta o Torres pueden preocuparnos, pero afortunadamente ninguno de ellos está descartado ni siquiera para el primer partido, así que su participación en la fase final está garantizada.

España vivió un sueño con la consecución de la Eurocopa y la gente quiere volver a repetirlo: la sensación de entusiasmo, unidad y alegría en todas las calles surgió de manera espontánea, con celebraciones insólitas ante un hecho tan inesperado como beneficioso para un país que ya por entonces comenzaba a notar la crisis económica.

Sólo el fútbol mueve en España tal cantidad de ilusiones y dinero que un fracaso colectivo en el Mundial supondría un regreso al pesimismo histórico del español medio.

Nadie nos garantiza nada, pero el hecho es que esta vez parece una oportunidad única para disfrutar con algo real, con un equipo que deja su sello y estilo en cada partido que juega. De esto es muy responsable, y así lo reconocen los aficionados, la figura de Luis Aragonés, que con su esfuerzo y dedicación dirigió a la selección hacia el punto donde se encuentra ahora.

España está ante su Rubicón, así que cuando el 16 de junio los hombres de Del Bosque se enfrenten en su primer partido a Suiza los aficionados diremos: “Alea jacta est”. La suerte está echada, esperemos que el 11 de julio estemos en Johannesburgo, jugando la final.

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