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Escenario electoral incierto en Uruguay

  • Federica Narancio

El candidato del Partido Nacional, Luis Alberto Lacalle, lleva el 32% de la intención de voto.

El candidato del Partido Nacional, Luis Alberto Lacalle, lleva el 32% de la intención de voto.

La última encuesta muestra que la gobernante coalición de izquierda Frente Amplio lidera con un 44% de los votos pero perdió dos puntos porcentuales. También aumentó el porcentaje de indecisos a un 8%.

A 30 días de las elecciones presidenciales en Uruguay, aumentó el porcentaje de encuestados que no saben o no dicen a quién votarán, lo cual abre el abanico de posibles resultados para octubre, según reveló la última encuesta de la empresa Factum.

El actual escenario “presenta varias incertidumbres”, dijo el director de Factum, Oscar Botinelli, quien presentó la encuesta el jueves en Canal 4.

El número de indefinidos subió dos puntos porcentuales a un 8%, algo que a esta altura del partido es “extraño”, según Botinelli.

Asimismo, los dos principales partidos perdieron puntos porcentuales.

La gobernante coalición de izquierda Frente Amplio lidera la intención de voto con un 44%, aunque perdió dos puntos porcentuales tras una serie de polémicas declaraciones del candidato presidencial, José “Pepe” Mujica.

El opositor Partido Nacional, de tendencia más conservadora, también perdió dos puntos porcentuales y ahora tiene un 32% de la intención de voto, según Factum.

El también opositor Partido Colorado tiene un 11% de la intención de voto y el centrista Partido Independiente un 2%. El porcentaje de aquellos que votarían en blanco o anulado es de un 2%, informó Botinelli.

Para ganar en la primera vuelta, el Frente Amplio necesitaría del 50% más uno de los votos. Pero según han mostrado los últimos sondeos a la fecha, lo más probable es que haya una segunda vuelta en noviembre para definir al presidente.

La encuesta de Factum, realizada entre el 19 y 20 de septiembre, es la primera que se hizo tras la presentación del libro “Pepe Coloquios”, en la que Mujica mantuvo una serie de entrevistas con el periodista Alfredo García y dio declaraciones controversiales que fueron tomadas como una “bendición” por parte de la oposición.

El candidato a presidente arremetió contra miembros de su partido, contra los argentinos (son “tarados” y tienen reacciones de “histéricos, locos y paranoicos”) y también contra los Kirchner, al decir que son “peronistas patoteros”. Al ex presidente argentino, Carlos Menem, lo trató de “mafioso y ladrón”.

El presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez, llegó a decir que algunas de sus declaraciones eran “simplemente estupideces” y Mujica estuvo a punto de “tirar la toalla” y renunciar por el error cometido. Sin embargo, su compañero de fórmula, el ex ministro de Economía Danilo Astori, lo convenció de seguir adelante, según informó el periódico El País.

A las declaraciones de Mujica se le suma el hecho de que ha cruzado duras críticas con su principal adversario, el ex presidente Luis Alberto Lacalle, de tono más personal.

En un acto político reciente, Lacalle se refirió a la chacra donde vive Mujica, ubicada en un barrio popular de Montevideo, como un “sucucho” y una “cueva”.

Mujica no tardó en responder: dijo que no le sorprendía que Lacalle dijera esto, pues tiene un “espíritu aristocrático de clase poseedora”.

A los ojos del electorado, ambos candidatos tienen perfiles muy diferentes: Mujica, un ex guerrillero, suele ser percibido como más de izquierda que el actual presidente Vázquez; a Lacalle se lo percibe como más de derecha, aunque tanto él como Mujica se tiraron hacia el centro durante la campaña electoral.

Además, los dos cargan con “historias muy fuertes”, según dijo a la Voz de América Rosario Queirolo, doctora en Ciencias Políticas. “Mujica por el hecho de haber sido un tupamaro (guerrillero) y Lacalle por las acusaciones de corrupción durante su presidencia”, explicó.

Lo mismo opinó Ignacio Zuasnabar, director del área de Opinión Pública de la consultora Equipos Mori. “Los dos candidatos tienen flancos débiles y aristas medias espinosas para buena parte de la ciudadanía, por lo cual les resulta difícil mejorar su popularidad”.

Aunque otras campañas electorales también han sido muy duras esta, en particular, adoptó un tono más personal, según los politólogos consultados por la Voz de América.

“Sin lugar a dudas el nivel del debate electoral ha sido muy malo”, dijo el analista Juan Carlos Doyenart, director de la consultora Interconsult.

“Hay que diferenciar dos grupos. Por un lado el Partido Colorado y el Partido Independiente, que han tenido una campaña más pro positiva, tratando de argumentar por qué votarlos a ellos”, explicó.

“En cambio los dos principales partidos cayeron poco a poco en acusaciones personales, dejando de lado lo pro positivo y argumentando que se los vote por los defectos que tiene el otro”.

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