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Encuentros que sorprenden

  • Iscar Blanco

Estados Unidos y Libia, antiguos enemigos, se dieron la mano en L’Aquila.

Se dieron la mano. El presidente de EE.UU., Barack Obama, y el mandatario libio Muammar Kadhfi estrecharon sus manos en señal de un acercamiento.

Ambos considerados mutuos enemigos, aprovecharon la cena del G8 en L’Aquila para mejorar las relaciones que se rompieron en 1981 debido al presunto apoyo libio al terrorismo.

Todo pareció volver a la normalidad en 2004, cuando el mismo Kadhfi renunciara a sus armas de destrucción masiva.

Pese al gesto, las relaciones entre los dos países siempre estuvieron limitadas, especialmente por el pedido de Estados Unidos de indemnizar a las victimas del terrorismo.

Todo se mejoró en 2008 cuando Trípoli aceptó pagar una millonaria suma de dinero a las victimas del atentado de Lockerbie y a las de una discoteca en 1986, frecuentada por soldados estadounidenses.

La Casa Blanca ya había anunciado que Obama aplaudía la decisión de Libia de abandonar sus armas y que una de las prioridades de su gobierno en materia de política exterior es, precisamente, la no proliferación nuclear.

Este no es el primer apretón de manos de Obama, lo mismo hizo en Trinidad y Tobago cuando apretó la mano del presidente de Venezuela, Hugo Chávez.

Los comentarios salieron de inmediato a la luz del día. La prensa italiana dedicó muchos espacios para abordar el tema.

El líder libio ya era noticia en la cumbre, desde su llegada se instaló en una gran tienda beduina levantada en un prado cercano al lugar de la reunión.

En calidad de presidente de turno de la Unión Africana, el líder libio conversó con otros mandatarios sobre las promesas hechas en las cumbres anteriores a los países africanos.

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