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Cuando cierran el aeropuerto


Las actividades alrededor de los aviones no se detenían pese a la intensa nevada.

Las actividades alrededor de los aviones no se detenían pese a la intensa nevada.

Muchos reprogramaron sus actividades, avisando que llegarían tarde o cancelando el viaje.

“El aeropuerto está cerrado”. Cuatro palabras que informaban sobre una decisión basada en el informe del clima, el estado de la pista y sobre todo en la intensa nevada que en esos momentos caía sobre Washington.

En el aeropuerto Nacional de Washington, en el estado de Virginia, al otro lado del río Potomac y apenas a pocos minutos de la capital de Estados Unidos, la noticia generaba diferentes reacciones.

Para quienes debían viajar, significaba comenzar a hacer llamadas para avisar que llegarían más tarde. O cancelar el viaje e iniciar la misión poco probable de encontrar un taxi.

Para quienes esperaban, la tarea de comenzar a averiguar qué pasó con el vuelo que traía a familiares, amigos o alguien a quien debían transportar.

La nevada se extendió de forma persistente por más de dos horas. En el aeropuerto funcionarios de las aerolíneas usaban mangueras con vapor caliente para limpiar los aviones, especialmente los comandos para evitar que se congelaran y tener las aeronaves listas para el despegue.

El movimiento de equipajes no se detenía en una y otra dirección.

Los funcionarios del aeropuerto trataban de asegurar que los vuelos que ya habían aterrizado consiguieran llegar a las puertas para desembarcar, lo que en algunos casos demoró hasta una hora, “Los aviones con más combustible tienen más tiempo para permanecer en la pista esperando porque pueden mantenerse encendidos, mantener a la gente con el ambiente cálido en su interior y luego llegar a la puerta”, explicaba un funcionario.

Hielo en la ruta

A la salida del aeropuerto el tránsito era muy lento. Los coches patinaban en el hielo mientras los camiones de la ciudad se apresuraban a arrojar sal en las áreas más transitadas para evitar accidentes.

Algunos accidentes leves y hasta uno fatal en Carolina del Norte marcaron el regreso a casa de mucha gente. Las escuelas se apresuraron a cerrar más temprano y también los gobiernos locales.

Nadie quería ser sorprendido por la oscuridad, para evitar conducir en la noche y con hielo en las rutas.

El lago que se ubica al final de la Alameda de Washington DC aparecía con una capa de hielo que le daba un aspecto de una gran fotografía.

La nieve paralizó también hasta 450 vuelos en Europa, donde también se decretó el cierre de las escuelas y se han registrado numerosos accidentes de tráfico.

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