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Los dos rostros de la crisis en Irak

  • Roberto Casin - Apuntes desde Miami

Milicianos chiitas del clérigo chiita Muqtada al Sadr, un viejo adversario de EE.UU., han sido puestos en pie de guerra en Najaf.

Milicianos chiitas del clérigo chiita Muqtada al Sadr, un viejo adversario de EE.UU., han sido puestos en pie de guerra en Najaf.

Tanto los sunitas del Estado Islámico de Irak y El Levante como las milicias chiitas que se le enfrentan codo a codo con el ejército iraquí son abanderados de la Yihad contra EE.UU.

La guerra sectaria desatada por la crisis en Irak ha puesto a muchos en EE.UU. frente al dilema de qué partido tomar en un conflicto de crecientes proporciones en el que se enfrentan a muerte viejos enemigos, por igual, de Occidente.

Ante al avance de los combatientes sunitas del llamado Estado Islámico de Irak y El Levante (EIIL) las autoridades iraquíes han urgido a milicianos chiitas que ayuden al ejército, los mismos que años atrás llevaron a cabo cientos de ataques terroristas contra las tropas de EE.UU.

Entre estos figuran miembros de grupos considerados terroristas por EE.UU. como Asaib Ahl (apoyado por Irán) y las Brigadas Hezbolá, cuya infiltración en los cuerpos armados de Irak ha puesto en entredicho la cooperación estadounidense con las fuerzas iraquíes.

Tanto los yihadistas del EIIL como las milicias chiitas respaldadas por los iraníes, armados hasta los dientes, han tenido ya su bautismo de fuego combatiendo en Siria contra el bien equipado ejército de Bashar al Assad. Y ambos son brutalmente antiestadounidenses.

Phillip Smyth, un experto en grupos islamistas chiitas de la Universidad de Maryland, dijo al diario The Washington Post, que “potencialmente lo que podría llegar a pasar es que EE.UU. se vea armando o asesorando a agentes iraníes algunos de los cuales figuran en las listas del terror”.

Sin embarho, tras haber ponderado la posibilidad de emprender ataques aéreos contra posiciones del EIIL en el norte de Irak, EE.UU. ha optado por no dar ningún paso que pueda interpretarse como de apoyo a las políticas sectarias de parte del gobierno del primer ministro chiita iraquí, Nuri al Maliki.

Las autoridades iraquíes niegan estar permitiendo que milicias chiitas pasen a formar parte como grupos de sus fuerzas armadas, pero el hecho es que se estima que 90 mil soldados desertaron ante el avance del EIIL y el ejército ha llamado a “voluntarios” a sus filas.

El clérigo chiita Muqtada al Sadr, un viejo adversario de EE.UU., llamó la semana pasada a la formación de “brigadas de paz” para repeler la ofensiva militar de los sunitas del EIIL.

Un portavoz del gobierno irquí, Saad Maan, dijo que no hay lugar para las milicias dentro de las fuerzas militares del país. “Los tratamos a todos como individuos”, señaló, y estimó en más de 40 mil los que se incorporaron a filas la semana pasada.

De una forma u otra, la rivalidad de ambos bandos es alentada por la Yihad, guerra santa sin cuartel contra los infieles, la que por igual libran otros grupos terroristas como al Qaeda desde hace más de una década contra EE.UU. y Occidente.
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