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EE.UU. asediado por la obesidad

  • Voz de América - Redacción

El estado donde el problema es más grave en EE.UU es Mississippi, con el 34,4 por ciento de personas obesas.

El estado donde el problema es más grave en EE.UU es Mississippi, con el 34,4 por ciento de personas obesas.

El exceso de bienestar y la comida chatarra se han vuelto una combinación peligrosa. Roberto Casin nos dice por qué desde Miami.

Las comidas desmedidas, la poca actividad física por exceso de confort y una vida que tiende a ser más sedentaria por obra de los artilugios de la moderna tecnología, que proporcionan entretenimiento electrónico in situ y a toda hora, han hecho de la obesidad un alarmante subproducto del bienestar.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la obesidad ya es un problema mayor para los países desarrollados y alcanzó la condición de pandemia no infecciosa al afectar al 50 por ciento de la población de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, que agrupa a 34 estados con economías industrializadas y emergentes.

Para el año 2015 se estima que unos 1.500 millones de adultos en el mundo tendrán sobrepeso, lo que constituye la cuarta parte de la población del planeta. Los mayores afectados serían países como Estados Unidos, donde ya una de cada seis personas es obesa.

Por ejemplo, en 1980 el 15 por ciento de los estadounidenses adultos estaban por encima de un peso corporal normal, y el año pasado esa proporción se duplicó. Pero lo peor es la incidencia de la obesidad en la infancia y la adolescencia, porque condena a millones de niños y niñas a que cuando sean mayores padezcan de diabetes, de dolencias del corazón, de alta tensión arterial, cáncer y de otra veintena de enfermedades asociadas a la gordura.

El estado donde el problema es más grave en EE.UU es Mississippi, con el 34,4 por ciento de personas obesas, y aunque en el sur del país la gente tiende a tener más sobrepeso que en el oeste, desde 1995 en todos los estados la población ha engordado de manera progresiva. Según un estudio del Fideicomiso para la Salud en EE.UU y la Fundación Robert Wood Johnson, se trata de “la crisis de salud más seria” que ha enfrentado la nación.

Desde el año pasado la primera dama de EE.UU. Michelle Obama, puso en marcha una campaña contra la obesidad infantil principalmente dirigida a las guarderías, a fin de implementar normas básicas para que mejoren tanto la salud como los hábitos de vida y alimentación de los más pequeños, ya que uno de cada tres niños en el país tiene problemas de sobrepeso.

A pesar de que comúnmente se la asocia con actividades al aire libre, un clima benigno y una vida saludable junto al mar, ni siquiera la Florida ha escapado de la mala influencia del sedentarismo, la pereza ante la actividad física y al azote de las dietas dañinas e incontroladas, y mientras la tasa combinada de obesidad y sobrepeso era hace 15 años en el estado de 49,1 por ciento hoy en día es de 62,6 por ciento.

Además de estar a la vista, las razones se conocen: la gente no camina, no suda porque, en el automóvil o la casa, vive permanentemente en aire acondicionado; los niños no corren, se la pasan todo el tiempo dedicados a los videojuegos, y en la mayoría de los restaurantes y cafeterías la competencia es por ver cuál sirve, por supuesto a menor costo, porciones de comida más generosas.

De acuerdo con el estudio, “los adultos de las minorías raciales y étnicas, y los que tienen menos educación o menos ingresos, siguen teniendo en general las mayores tasas de obesidad”. Tanto es así que en Florida el índice de gordura entre los afroamericanos es de 38,8 por ciento y entre los hispanos alcanza el 28,7 por ciento, mientras que entre los no hispanos es de sólo 24,1 por ciento.

En cuanto al factor económico, condicionado por el poder adquisitivo de cada familia, una tercera parte de los habitantes de la Florida con ingresos inferiores a $15.000 dólares al año padecen de obesidad, en tanto que entre los que ganan más de $50.000 dólares al año la proporción se reduce a la cuarta parte.

Hasta ahora las campañas nacionales contra la obesidad –que no han faltado- no han sido suficientes, ni tampoco los millones de dólares en fondos federales destinados a combatirla. La lamentable y trágica paradoja sigue siendo que hay regiones del planeta donde la gente se muere de hambre mientras que en otras fallece por causas diametralmente opuestas.

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