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Gross dice que fue "confiado"


Judy Gross, la esposa del contratista (izquierda), ha podidio visitarlo dos veces en prisión.

Judy Gross, la esposa del contratista (izquierda), ha podidio visitarlo dos veces en prisión.

El contratista estadounidense Alan Gross cumple en la isla una condena de 15 años de prisión por llevar a Cuba equipos de comunicación satelital.

El contratista estadounidense Alan Gross, condenado en Cuba a 15 años de prisión por supuestamente traer equipos de comunicación de manera ilegal a la isla, dijo que lamenta "profundamente" que sus acciones hayan sido malinterpretadas, según una transcripción de su testimonio ante un tribunal el 4 de marzo difundida por su abogado.

"Lamento profundamente que mis acciones fueran malinterpretadas como dañinas y una amenaza contra la seguridad y la independencia de Cuba. Por supuesto que esto va contra lo que yo tenía intenciones de hacer", dijo Gross, según la transcripción citada por la agencia AP.

"Lamento profundamente haber sido un tonto confiado. Me embaucaron. Me usaron. Mi familia y yo lo hemos pagado muy caro", sostuvo en la audiencia.

No obstante, el tribunal condenó a Gross a 15 años de prisión, sentencia que fue ratificada por La Corte Suprema de Cuba en agosto.

La odisea de Gross en cárcel

Gross ha perdido 94 libras de peso desde que las autoridades cubanas lo encarcelaron en diciembre de 2009 y luego lo condenaron.

La defensora de derechos humanos Sarah Stephens, dijo que Gross, de 61 años, se esfuerza a diario por “mantenerse sano y en forma” y antes del desayuno que la dan en la cárcel camina el equivalente a cinco millas cada mañana dentro de su celda.

Stephens, directora del Centro para la Democracia en las Américas, una organización estadounidense que se opone a la política de Washington con Cuba, viajó a la isla al frente de una delegación que visitó poco más de dos horas al contratista en el hospital militar donde por ahora cumple su sentencia.

La activista, que estuvo buscando permiso del gobierno cubano para visitar al prisionero desde que fue arrestado, dijo que fue importante obtener la autorización a fin de “mantener la conversación” y subrayar “el deseo de Alan de que no lo olviden”.

Stephens visitó Cuba en compañía de Jane Harman, una ex legisladora demócrata y ahora presidenta del Woodrow Wilson International Center for Scholars; Donna Brazile, estratega del Partido Demócrata, y David Dreyer, ex director adjunto de Comunicaciones de la Casa Blanca durante el Gobierno del presidente Bill Clinton.

Según Dreyer, Gross no ha perdido su sentido del humor en la cárcel aunque expresó gran preocupación por su familia, ya que su madre y una de sus hijas sufren de cáncer.

Dreyer precisó que el contratista se veía mucho mejor de lo que esperaba, pero destacó que “su cautiverio le ha cobrado un precio muy alto a él y a su familia. Se veía delgado y demacrado. Nos expresó su ferviente deseo de que lo dejen en libertad y regresar a casa y a Estados Unidos”.

También reveló que hubo momentos en que Gross expresó tristeza e ira y en la conversación “habló de las visitas que le ha hecho su esposa; las visitas consulares mensuales de la Sección de Intereses de EE.UU. y de otros visitantes estadounidenses, entre ellos el presidente Carter, el senador (Carl) Levin y la congresista Barbara Lee.

El gobierno cubano le permite al prisionero hablar por teléfono una vez por semana con su esposa, Judy, quien ha podido visitarlo dos veces desde que lo encarcelaron.

Dreyer indicó que la visita a Gross tuvo dos dimensiones, una humanitaria, ya que se trata de un estadounidense que ha estado en cautiverio desde hace más de año y medio, y la otra fue para llamar la atención sobre los esfuerzos que se hacen a fin de obtener que lo liberen.

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