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Dunga tiene razón


Los brasileños asisten al primer partido de la selección “Canarinha” en la Copa del Mundo y expresan su desencanto con el entrenador Dunga cuando apareció en la pantalla.

Los brasileños asisten al primer partido de la selección “Canarinha” en la Copa del Mundo y expresan su desencanto con el entrenador Dunga cuando apareció en la pantalla.

Los reclamos de la “torcida” brasileña fueron permanentes exigiendo a la selección protagonismo en el campo.

Brasil ganó, pero los brasileños definitivamente no gustaron de lo que vieron.

Claro que tampoco fue sorpresa para nadie en el país del fútbol, donde la selección de Dunga no consiguió ganarse el corazón de la “torcida”, en el campo no hubo sorpresas.

Al fin de cuentas, Dunga tenía razón. Si la selección no gana, “los reclamos serán inmensos en mi contra” dijo el entrenador. Por tanto él quiere resultados.

Menos mal que Robinho aún es capaz de renegar de la propia doctrina del entrenador y soltar un pase perfecto como el del segundo gol, que uno de los millones de brasileños que seguía el partido por televisión, Guilherme, celebró con un “finalmente”.

Claro que al final del primer tiempo la sensación era de fastidio general. “Joga bola cara”, gritaba Joao Henrique, reclamando que la “Canarinha” jugara al fútbol, mientras los jugadores parecían perdidos en el campo, y Luis Fabiano en vez de tratar de buscar hacer un gol, cometía una falta tras otra.

En cambio Paula, una joven brasiliense decidió que ni siquiera asistiría al partido.

Claro, ella tenía una razón más importante que los restantes 150 millones de brasileños que desaparecieron de las calles y de los lugares de trabajo. El mismo día del partido, también estaba celebrando su casamiento y ni siquiera preguntaba como iba el encuentro mientras hacía su sesión de fotos en el Lago Paranoá de la capital brasileña.

Contrario a la asistente que cuidaba del vestido de la novia para la fotógrafa, quien estaba con los auriculares colocados escuchando el partido, sufriendo, tratando de ver cualquier televisor que estuviera cerca.

“Todo el mundo está pendiente del partido, pero para ella este día es el más importante pero por otra razón, porque es su casamiento”, decía Karla, la fotógrafa brasiliense encargada de la sesión de fotos de la novia.

Otros decidieron comenzar a enviar mensajes de texto a sus amigos para expresar su decepción, lo que contrastaba claramente con el espíritu festivo, casi de carnaval que reinaba antes del partido.

La decepción llevó incluso a algunos a “celebrar” el gol de Corea del Norte con fuegos artificiales, como castigo contra lo que veían.

Por su parte, los analistas brasileños, preocupados también por lo que vieron, esperan que en los próximos partidos, frente a las más fuertes selecciones de Portugal y Costa de Marfil, los delanteros brasileños encuentren más espacios para jugar a lo que mejor saben, de contragolpe, buscando resultados.

De fútbol bonito nada. A fin de cuentas, Dunga tiene razón, el resultado manda, aunque tenga sabor a nada.

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