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“Tenía don de comunicación”


El obispo monseñor Alberto Sanguinetti dijo que el papa Juan Pablo II puso en práctica su don de comunicación en un sinfín de oportunidades.

El legado del papa Juan Pablo II fue “rico y complejo”, dijo el obispo del departamento uruguayo de Canelones, monseñor Alberto Sanguinetti, a la Voz de América en una entrevista. Un legado de docencia, de profundización en la fe, de un diálogo “extraordinario” con fieles y no fieles.

¿Qué caracterizó el pontificado de Juan Pablo II? ¿Y qué recuerda el mundo a seis años de su muerte y a menos de dos semanas de su beatificación?

El obispo de Canelones, que además ejerció como rector del Instituto Teológico del Uruguay, dijo que Juan Pablo II era un intelectual, un universitario, un artista y poeta con un gran don para la comunicación. Y ese don lo puso en práctica un sinfín de oportunidades en sus casi 27 años como Papa.

“Tendió una cantidad de puentes con gran firmeza y sin demagogia. Puentes entre la Iglesia occidental y la oriental”, ejemplificó. “También tuvo muchos gestos de acercamiento con la comunidad judía, como la histórica visita que hizo a la gran sinagoga de Roma”, recordó.

Para los católicos de Polonia, su país natal, y para los fieles de otros países que estaban bajo la órbita soviética hasta la caída del muro de Berlín, el Papa fue un gran sostén. Cuando Karol Wojtyla pasó a ser Juan Pablo II el 16 de octubre de 1978, “la visión general que había era que la URSS iba a durar 100 años más y había que transar para sostener a la Iglesia Católica. Y él lo logró y le dio gran seguridad y dignidad a los polacos”, sostuvo monseñor Alberto Sanguinetti

Más al sur, América Latina le estará “eternamente agradecida” por haber ayudado a detener una posible guerra entre Chile y Argentina a fines de los 70, dijo Sanguinetti. De la misma manera, dos décadas después, se opuso con firmeza a la guerra de Irak pese a tener buenos vínculos con Estados Unidos.

Iba al frente de los problemas. Y era un hombre de su tiempo, según Sanguinetti. Durante la hora que duró la entrevista, el obispo de Canelones habló sobre los viajes de Juan Pablo II –tan numerosos que le valieron el apodo de ‘papa viajero’-, su comunicación con los jóvenes, la intensidad con la que vivió.

“Incluso ese gesto de vivir en público una enfermedad humillante y deformante como es el Parkinson, él que había sido un gran deportista, dio una muestra de valor. En un mundo de lo lindo y lo bien hecho, vivió la enfermedad sin ostentación y sin ocultarlo y el mundo apreció eso”, consideró Sanguinetti.

“Fue un hombre innovador. Y la fuente de su santidad es que fue un hombre de fe y de fe vivida. De profunda oración y de profunda confianza en Dios”, concluyó el obispo de Canelones. Ese es su legado, el que recordará y revivirá el mundo el día de su beatificación el próximo 1 de mayo.

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