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¿Adónde va Cuba?

  • Roberto Casin - Apuntes desde Miami

La realidad económica de Venezuela pone en duda que Nicolás Maduro pueda seguir subvencionando al gobierno cubano.

La realidad económica de Venezuela pone en duda que Nicolás Maduro pueda seguir subvencionando al gobierno cubano.

Las reformas económicas adoptadas en la isla avanzan a paso de tortuga porque el gobierno teme que un acelerado cambio de modelo le haga saltar el poder político de las manos.

Hace ya dos años que el gobierno de Cuba aprobó los llamados Lineamientos de la Política Económica y Social en virtud de los cuales se les permite a los habitantes de la isla hacer cosas que en cualquier país libre son normales pero que durante décadas los cubanos tuvieron prohibidas, como el trabajo privado y la compraventa de automóviles y viviendas.

Aun con numerosas restricciones, porque profesionales como los médicos están excluidos del permiso para ejercer por cuenta propia y el aparato estatal sigue detentando el monopolio del comercio mayorista, el cambio fue significativo después de medio siglo durante el que el único patrono de todo había sido el Estado.

Sin embargo, la aplicación de las tan anheladas reformas marcha a paso de tortuga y en gran medida a tientas, con excesiva cautela, porque el presidente Raúl Castro teme que un brusco giro de timón termine por hacerle perder el control político de una sociedad que durante décadas fue primero manejada con puño de hierro por su hermano, y ahora por él desde 2008.

Lo acaba de confirmar en Madrid un alto asesor económico del gobierno cubano, Hugo Pons, quien dijo a Europa Press que Cuba “está experimentando primero qué resulta para adecuar verdaderamente los procesos a las necesidades que se tienen”. En otras palabras, se avanza tanteando el terreno. "Se va lento pero seguro" y "no se están dando palos de ciego", añadió.

A pesar de ser insuficientes e incompletas, analistas creen que el gobierno se verá obligado a acelerar las reformas y la transición hacia un modelo de economía mixta, con mayor apertura a la inversión extranjera, tras la muerte del presidente venezolano Hugo Chávez, que la última década salvó a la isla del descalabro económico gracias a millonarias subvenciones.

Sin contar el petróleo que recibe de Caracas, unos 100 mil barriles diarios en condiciones preferenciales, o sea, a precios de “paga lo que quieras y cuando puedas”, la principal fuente de ingresos de la isla proviene de la exportación de servicios profesionales, mayormente médicos y trabajadores de la salud a Venezuela lo que le reporta unos $6 mil millones anuales. Pero la economía venezolana, con una inflación de casi 30%, está hoy al borde del abismo.

Con frecuencia expertos han señalado que las reformas se quedan cortas debido a las escasas de inversiones extranjeras --porque el gobierno no da garantías ni inspira confianza--; a la pobre producción agrícola y de alimentos, y a que en Cuba circulan dos monedas, el peso común y el convertible (CUC).

Esto implica que quienes no disponen de CUC porque no tienen familiares que les envíen dólares o euros desde el extranjero, con el salario que perciben sólo pueden pagar la electricidad y adquirir una canasta básica sumamente limitada, porque para comprar carne de res, pollo, pescado, vestirse o adquirir equipos para el hogar se necesita tener moneda fuerte.

El propio Pons, a cargo de asesorar la implementación de los cambios, admitió que la unificación monetaria es “una necesidad” y que es “algo que se puede resolver de un día para otro, exactamente igual que se creó”. Pero lo cierto es que hasta ahora, dos años después, todavía no ha sucedido y la “actualización del modelo”, como prefiere llamar el gobierno a las reformas, lo que ha provocado es que se agudicen más las disparidades sociales.

Los servicios de salud y la educación que se brinda a la población, dos sectores de los que la isla presumió ser una potencia mundial, se han desmoronado a nivel de cuarto mundo porque el gobierno decidió no subvencionarlos como antes, y los cubanos, acostumbrados a recibir otras gratuidades, han visto esfumarse los “beneficios” que la Revolución les vendió como privilegios a cambio de restringirles las libertades.

Por ahora solamente los autorizados a trabajar por cuenta propia en la isla están obligados a pagar impuestos. Pero con un salario promedio que equilave a sólo unos $20 dólares mensuales, pronto todos los cubanos tendrán que abonar gravámenes sobre sus ingresos, si no fuese así—dijo Pons—, “¿de dónde saca el dinero el Estado para poder resolver los problemas de la sociedad?"

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