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La Habana suspende licencias para nuevos restaurantes privados


El gobierno cubano permitió por primera vez la apertura de pequeños restaurantes privados o Paladares a mediados de los años noventa.

El gobierno cubano permitió por primera vez la apertura de pequeños restaurantes privados o Paladares a mediados de los años noventa.

Las autoridades cubanas han advertido a los dueños de los Paladares que cumplan las estrictas regulaciones que les permiten operar.

Las autoridades de La Habana suspendieron la emisión de licencias para nuevos restaurantes privados en la ciudad y advirtieron a los existentes que obedezcan las estrictas regulaciones, informaron dueños de los locales que gozan de popularidad entre los turistas extranjeros.

Esta posición más firme por parte de las autoridades podría afectar la oferta culinaria de La Habana durante la próxima temporada turística, cuando se espera que llegue un número récord de visitantes tanto estadounidenses como europeos.

También es otra señal de que el gobierno comunista se resiste a abrirse más a la empresa privada en un país donde aún mantiene el control de la mayor parte de la actividad económica.

El año pasado, Cuba dio marcha atrás con una serie de reformas orientadas al mercado en temas de agricultura, mientras que este año impuso controles de precios sobre servicios de transporte privado.

Desde que el presidente Raúl Castro flexibilizó las restricciones sobre empresas privadas hace seis años, los restaurantes han florecido, especialmente en la capital donde los ingresos son más altos y hay un creciente flujo de turistas que demandan mejores menús y servicios que los que ofrecen la mayor parte de los establecimientos manejados por el Estado.

Hay cientos de restaurantes privados -conocidos también como paladares- en La Habana y más de 1.700 a lo largo del país, dijo el ministerio de Turismo.

Durante las últimas seis semanas, los propietarios de algunos de los paladares más conocidos fueron convocados a reuniones donde los funcionarios de La Habana primero elogiaron sus contribuciones a la economía y al turismo, y luego enumeraron las violaciones regulatorias que cometieron, advirtiéndoles que cesen y desistan.

"Por supuesto que técnicamente tienen razón, todos doblegamos las reglas, tenemos pocas opciones", dijo el dueño de uno de los restaurantes más populares de La Habana, quien como otros solicitó no ser identificado por temor a represalias.

"No mencionaron qué planeaban hacer, pero asumimos que se viene una gran ola de inspecciones", indicó.

Los paladares pueden tener sólo un máximo de 50 asientos y deben comprar todas las provisiones en mercados y negocios estatales, frecuentemente con sobreprecios, a diferencia de sus competidores administrados por el Estado que tienen acceso a mercados mayoristas y no tienen restricciones de capacidad.

Muchos expertos dentro y fuera de Cuba consideran que la carga impositiva sobre los pequeños comercios exitosos es onerosa.

La lista de las violaciones que los funcionarios leyeron incluyen la falta de pago de impuestos, la compra de provisiones en el mercado negro, violaciones a la normativa laboral, y tener más de 50 asientos, según dos dueños de restaurantes que asistieron a las reuniones.

Ni el gobierno local ni el nacional respondieron a un pedido de declaraciones de parte de Reuters.

Reuters

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