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Cuba: expectativas vs realidades

  • Voz de América - Redacción

Los agudos contrastes entre expectativas y realidades operan como un freno a los sueños.

Los agudos contrastes entre expectativas y realidades operan como un freno a los sueños.

Los cambios económicos han entreabierto una puerta de esperanzas para los cubanos, pero la llave de la cerradura sigue en manos del gobierno.

El año que está a punto de concluir estuvo cargado de grandes expectativas para los cubanos luego de las reformas anunciadas en abril pasado por el VI Congreso del Partido Comunista (PCC), el único que hay en la isla y que como organismo rector traza las pautas por las que habrá de guiarse el gobierno y todo el andamiaje económico y social del país.

Las reformas, que según las propias autoridades cubanas son sólo “reajustes” del modelo económico socialista adoptado por Cuba durante décadas, proyectaron el despido de cientos de miles de empleados y obreros del sector estatal y la eliminación de subsidios, a la par que autorizaron el trabajo por cuenta propia, mediante el otorgamiento de licencias, en más de centenar y medio de oficios, aunque en ninguna profesión (médicos, abogados, arquitectos, etc.).

Los cubanos siguen careciendo de derechos políticos, de libertad de movimiento, los disidentes son permanentemente hostigados y reprimidos, la oposición es ilegal, no hay libertad de expresión, y aunque las autoridades liberaron antes del Congreso del PCC al último de los opositores del Grupo de los 75 encarcelados en la Primavera Negra del 2003, a excepción de que el gobierno día a día ya no está en manos de Fidel Castro, sino de su hermano Raúl, poco ha cambiado en la pirámide de poder en la isla.

El propósito expreso del presidente Raúl Castro es de que, al menos por ahora, el Estado siga controlando con su mano los principales sectores económicos de la nación, el destino de la mano de obra más calificada, que no haya voz ni voto por encima de la voluntad de quienes ejercen el gobierno, y tratar de evitar que ningún ciudadano común pueda “enriquecerse”, aun cuando la prosperidad individual sea resultado de su trabajo y esfuerzo personales.

Aun así, el hecho de que luego de décadas de prohibición los cubanos puedan recibir parcelas agrícolas en usufructo, por primera vez comprar y vender casas, automóviles, obtener créditos bancarios o adquirir con moneda fuente un simple teléfono móvil –no así acceso libre a Internet--, ha abierto una pequeña pero alentadora brecha en el horizonte económico de la isla, que hasta ahora permanecía totalmente nublado.

Sin embargo, los agudos contrastes entre las expectativas y las realidades siguen operando como un fuerte freno a los sueños. Hace medio siglo, por ejemplo, cuando la revolución comandada por Fidel Castro propinó un giro de 180 grados a la nación, Cuba importaba el 29 por ciento de los alimentos que consumía. Hoy esa cifra asciende al 81 por ciento.

Para muchos no es sólo una aberración económica sino también una malvada decisión política que con tal de tener sueldos más decorosos los graduados universitarios, por decreto estatal , se vean forzados a ganarse la vida como taxistas o cocineros, y que no puedan ejercer por cuenta propia su profesión.

El ingreso promedio en la isla se sitúa en poco más de 400 pesos cubanos, el equivalente a unos $20 dólares mensuales, y a pesar de las reformas nada indica que para la mayoría de la población las estadísticas vayan a variar, ni que a los profesionales deje de serles más lucrativo trabajar como camareros y ejercer otras ocupaciones con acceso a moneda extranjera o en su lugar, dar el paso más difícil y riesgoso: tratar de irse del país.

Según un reciente estudio de Brookings Institution, a pesar del incremento en los últimos años del turismo en la isla, de inversiones en la minería y de los jugosos subsidios que le llegan al gobierno cubano desde Venezuela, las perspectivas económicas del país no han mejorado, y la deuda cubana es “alarmante”.

El informe cita datos del Banco Central de la isla, según los cuales el gobierno cubano debe $8.900 millones de dólares y otros $7.600 millones en “deudas congeladas” que a lo largo de más de dos décadas no han sido reestructuradas. También destaca que la producción industrial en Cuba está al 43 por ciento del nivel que tenía en 1989, antes del desplome del bloque soviético, y que sus exportaciones se sitúan sólo entre los $3.000 y los $4.000 millones de dólares, apenas más que lo que La Habana recibe en subsidios petroleros de Caracas.

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