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Conversando con un ángel


Silvia adoptó su primer hijo con Sida cuando los médicos no le daban más que un mes de vida. Emmanuel vivió hasta los ocho años.

Silvia adoptó su primer hijo con Sida cuando los médicos no le daban más que un mes de vida. Emmanuel vivió hasta los ocho años.

Silvia Casas es un ángel. Es argentina, la conocí en México y esta es su historia de dolor transformada en amor.

Me gustaría comenzar diciendo que Silvia Casas es un ángel. La conocí en México durante la Conferencia Internacional del SIDA y después de hablar con ella me di cuenta que hay una gran diferencia entre soñar y hacer.

Silvia es la fundadora y directora de Casa Manu, el hogar de una docena de "hijos del corazón" como ella misma los describe.

Casa Manu es el hogar de niños con el virus del SIDA que no tienen a dónde ir, niños que nadie quiere adoptar.

Casa Manu nació como una acción al dolor. Silvia adoptó su primer hijo con Sida cuando los médicos no le daban más que un mes de vida. Emmanuel vivió hasta los ocho años.

“Mi primer hijo del corazón era un niño que vivió ocho años maravillosos, amado, valorado, que fue a la escuela, que tuvo todo lo que una persona necesita para vivir y que lamentablemente falleció a los 20 días de haber cumplido los ocho años, porque son muchos los que quedan en el camino frente a algo nuevo como una epidemia que luego se convirtió en pandemia. Manu ha sido uno de los tantos que ha quedado en el camino”, me dijo Silvia.

Muchos creen que Silvia se ha puesto una cruz en la espalda sin necesidad alguna. Incluso hay quienes la critican por no estar más con los suyos, sus hijos, sus nietos. Pero ella considera que no se trata de una carga, sino de amor.

“Yo nunca viví la situación de ser mamá del corazón de un niño con VIH como una carga, porque la realidad es que uno primero tiene que ver al niño o a la persona, no al virus o a la enfermedad. No creo que para una madre sea una carga tener un hijo con cualquier problema de salud. Yo elegí ser la mamá de Manuel, fue mi elección y no me arrepiento de haberlo hecho”.

José María Di Bello, portador del VIH y miembro de la Cruz Roja Argentina considera que la tarea de Silvia es única.

“Ella adoptó a un niño con Sida en los años 90 cuando nadie sabía, cuando no había tratamiento, cuando la gente creía que por estar cerca uno se contagiaba y eso era lo que la gente creía. Y Silvia se hizo cargo de Manu y a pesar de que Manu se fue, siguió adelante”.

Un hogar para niños

Desde su fundación, Casa Manu busca que los niños abandonados tengan un hogar donde puedan prepararse para la vida.

“La realidad es que el hogar no es un depósito de niños con VIH, es un lugar que los prepara para la vida, los prepara para tener lo que todo niño tiene que tener, una familia definitiva. Y para eso hay que preparar a la sociedad y a los adoptantes, que vean esa realidad”.

Casa Manu ofrece amor. Por lo menos eso fue lo que entendí de mi conversación con este “ángel” que cuando habla te da paz.

“Estos chicos no necesitan cuidado médico las 24 horas, lo que ellos buscan y necesitan es amor. Hay que prepararlos para la vida. Les enseñamos el respeto y a vivir de la mejor manera posible, les damos elementos para que se puedan manejar”.

Para ella todos son sus hijos, por todos ellos vela en medio de la noche, o a todos los busca un regalo en época de navidad. No hay uno sólo que se quede sin festejar su cumpleaños. Pero, ¿hay favoritos?, eso le pregunté a Silvia.

“Uno genera algo así como cuestiones vinculares de piel. Siempre te pones con cierto favoritismo con el pajarito más lastimado que llega al hogar. En ese niño pones toda la energía, al menos de sanar las heridas que vemos, las otras, las que no vemos llevan más tiempo. Pero en un vinculo familiar, rodeado de 20 personas voluntarias, rodeados de abuelas que van y cocinan, es fácil amarlos a todos”.

Los pequeños llegan a Casa Manu por medio de la Secretaría de Promoción y Protección de los Derechos de la Infancia o por causas judiciales. Algunos abusados. Para Casa Manu el virus del VIH pasa a un segundo plano.

“Hoy en día hay tratamientos que ayudan a mejorar su calidad de vida, pero el daño social que han sufrido es estos niños es enorme. Es lo más difícil de llevar. Son bebés abandonados al nacer porque sus madres nunca se acercaron a hacerse un chequeo médico, aparecieron en el hospital el día del parto y se enteraron de su enfermedad, transmitida también a sus hijos. Son chicos de 10 u 11 años a los que nunca se les realizó un diagnóstico y viven de milagro, sin medicación, desnutridos y con enfermedades típicas de la pobreza”.

Feliz navidad para todos

Casa Manu es un hogar como cualquier otro. Casa Manu, según Silvia, no tiene nada de especial, es un hogar donde hay madres, padres, abuelos y jóvenes que ayudan a los menores a aprender el significado de ofrecer a los más necesitados. Es un hogar donde se festeja todo, incluso la navidad.

“La navidad en casa es siempre con algún niño en el hogar. Desde que inauguramos Casa Manu, que ya tiene seis años, yo no creo que pueda haber una navidad sin algún chico del hogar, porque me pregunto, si esa no es la presencia de Cristo, entonces ¿dónde la vamos a buscar?”.

Frank Arroyo conoce de cerca de Silvia, juntos han trabajado de la mano en esta tarea y para el, la labor de Silvia es incomparable.

“Para mi Casa Manu representa el compromiso que todos debemos asumir para lograr que los niños y ninnas afectados por el VIH/SIDA al recibir mucho amor, cuidado y su tratamiento lleguen a vivir una vida plena y lograr sus sueños”, asegura Frank.

No puedo dejar de cuestionarme si Silvia está loca. No es fácil su labor. Echarse al hombre la tarea de educar a 13 niños con el VIH. Y por eso se lo pregunte.

“Hay que tener mucha pasión, para hacer lo que nosotros hacemos. Y hay que estar muy posicionado para no escuchar lo lindo que quieres escuchar. Yo creo que precisamente de la locura y la utopía han aflorado los proyectos y las acciones más genuinas del género humano. Entonces sí, estoy loca”.

Para Michael Aidan lo que hace Silvia, si todos copiáramos una parte, el mundo seria otro.

“Si todos tuviésemos la capacidad de enfrentar la vida como la tiene Silvia, este mundo sería otro. Silvia no solamente dio respuesta al VIH/SIDA en la niñez, sino a cómo uno preserva todo lo que debería significar ser humano, cuando más cuesta”, dijo Michael a Voz de América.

Su tarea le ha costado algunos tropiezos, críticas y celos. Este “ángel” tiene su propio hogar, sus propios hijos y sus hijos tienen sus hijos, lo que la hace abuela.

“A mis hijos les ha costado, hay dos que participan activamente en el proyecto, pero si le ha costado a mi hijo mayor que es padre de cinco hijos. La realidad es que primero pierden un hermano, al cual amaban y les cuesta por entender que yo tome la decisión de que la pérdida de ese hermano tenía que generar más acción, que la pérdida de Manu no podía quedar en eso. Y después, les cuesta que Silvia Casas no tiene demasiado tiempo para ser abuela de lo que puedo ser. Yo sé que mis hijos son padres maravillosos y mi tiempo lo tengo que repartir entre una institución con 13 que no tienen padres y eso por ahí les ha costado, que esté dando mi vida a lo que creo”.

Y con el logo de Casa Manu en su pecho y el nombre de Emmanuel en su corazón, esta mujer continua su lucha de ofrecer a los “olvidados” un hogar, un abrazo y un beso de buenas noches.

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