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Buenos Aires capital del Libro

  • Irene Larraz
  • Federica Narancio

Pasear por los inmensos pabellones de la Feria es perderse entre centenares de historias.

Pasear por los inmensos pabellones de la Feria es perderse entre centenares de historias.

Buenos Aires celebra la Feria Internacional del Libro con una revolución a la lectura y una fiesta para los sentidos.

"Si los pueblos no se ilustran, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y después de vacilar algún tiempo, será tal vez nuestra suerte, mudar de tiranos, sin destruir la tiranía".

Estas palabras de Mariano Moreno, cien años atrás, cobraron ayer un significado especial en la boca del ministro de Cultura, Hernán Lombardi.

Han servido como arma, maestros, testimonio, almacén del saber… Los libros han pasado por todo tipo de usos y desusos que se le han querido conceder, pero en el fondo, todos tienen en común “la celebración de la palabra”, señaló Lombardi en la inauguración de la 37º Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

La capital argentina se convierte en “una ciudad abierta al mundo de los libros”, como figura en su lema, al convertirse en la capital mundial del libro designada por la Unesco para 2011 en reconocimiento a su labor de difusión de los hábitos de lectura.

“Que los chicos argentinos nazcan con un libro bajo el brazo” es el anhelo del Rodolfo Hamawi, director nacional de Industrias Culturales de Argentina, que se refirió entre otras medidas sociales al “semillero cultural” que supone el plan de ‘libros y casas’, por el que una estantería cargada con 18 libros es el primer mueble que tienen las 100.000 viviendas humildes que ha construido el Estado en el último año.

En 2010 Argentina imprimió 76 millones de ejemplares de 26.400 títulos. Si bien, el 60% de la producción está en manos de tan solo 22 editoriales, señaló Hamawi.

Durante el acto inaugural se quiso rendir homenaje a dos grandes autores argentinos: David Viñas y María Elena Walsh.

Tentación escrita en tinta

Pasear por los inmensos pabellones de la Feria es perderse entre centenares de historias atractivas, teorías filosóficas, saberes políticos y entretenimiento literario, pero sobre todo, mucha poesía.

Todavía reponiéndose de las conferencias profesionales, la Feria del Libro abrió sus puertas a los visitantes, que se paseaban por los stands más curiosos que voraces. “Es una ciudad que tiene una gran oferta, pero la feria es un poco costosa”, explica Mauricio Cháves.

De los nuevos a los viejos libros, de los antiguos a los modernos métodos de lectura, los e-readers hicieron aparición en los salones. Pero lo importante de los libros es, como confiesa María Esther Veiga, “leer cualquiera” de ellos.

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