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Boxeando por un mejor futuro

  • Daniela Schrier

No es fácil mantener el centro; faltan guantes de boxeo, libros y y profesores.

No es fácil mantener el centro; faltan guantes de boxeo, libros y y profesores.

El ex campeón mundial de boxeo Keely Thompson regresó al barrio donde se crió para ayudar a la juventud por un mejor futuro.

El ex campeón mundial ligero del boxeo de Keely Thompson se encuentra en una misión: ayudar a la juventud "en riesgo" a escapar de las calles del centro de la ciudad de Washington, enseñándoles el respeto propio y a boxear.

"Les hace concentrarse y apretarse el cinturón para hacer las cosas correctas en la vida", asegura Thompson, quien advierte que la enseñanza es un trabajo muy duro.

Después de triunfar como campeón mundial de boxeo, Thompson decidió regresar al barrio del que salió para apoyar a los jóvenes que hoy en día viven donde él creció. Se trata de un barrio peligroso, donde uno tiene que luchar contra las drogas y las bandas con mucho cuidado. “La mayoría de los niños que viven aquí corren el riesgo de la violencia entre las bandas, provienen de hogares rotos, sin madre o padre, sin educación...”.

La mayoría de los chicos a los que el ex boxeador ayuda tienen un nivel de lectura inferior al que corresponde a su edad y a menudo están hambrientos cuando llegan en búsqueda de una vida mejor.

Buscar un cambio

“Todo niño que aterriza en este programa quiere un cambio”, expresa Thompson.

En el ring Thompson no sólo les enseña a boxear, sino que comparte con los chicos valores y experiencias personales de la vida que les ayudan a los chicos a respetarse. “Comienzas escuchando a un mal chico diciéndole al otro 'este no es el buen camino'”.

“Salvador es un chico hispano. Me dijo que no es cobarde, pero estaba llorando cuando lo decía: 'no soy un cobarde, sólo quiero cambiar'", recuerda.

Cuando Leo DeLeon comenzó a colaborar con el centro hace cinco años, se dio cuenta de que era su sueño. “Mi madre se tuvo sólo a sí misma para criarme, por lo que le debo mucho”, explica DeLeon. “Quiero devolverle algo de lo que me dio”. Si el centro cerrara, muchos jóvenes caerían en el crimen, asegura.

Pero no es fácil mantener el centro; se precisan guantes de boxeo, libros... y profesores, que han descendido de 13 a 3, todos ellos trabajan gratis.

“Alguien me preguntó: '¿Por qué sigues haciéndolo?' y contesté: '¿Por qué crees que los chicos siguen viniendo? Quieren cambiar'”, reitera Thompson.

Al despedirse de los chicos cada día Thompson no dice 'adiós', sino 'hasta mañana', y así es, porque ninguno de ellos quiere perderse un solo entrenamiento en el Centro Juvenil de Boxeo Keely.

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