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La intervención suprema salva la ley de salud

  • Jim Malone - Washington, DC

Partidarios de la ley de salud del presidente Barack Obama celebran la decisión de la Corte de refrendar la ley.

Partidarios de la ley de salud del presidente Barack Obama celebran la decisión de la Corte de refrendar la ley.

Es una victoria legal inesperada para el presidente y sus partidarios demócratas, pero la decisión de la Corte Suprema también pudiera encender a los partidarios de Mitt Romney.

Cómo se podrían beneficiar Obama y Romney

Pocos esperaban que la batalla legal sobre la ley de salud del presidente Barack Obama saliera como salió. La mayor parte de expertos predecían que una mayoría de los nueve jueces de la Corte Suprema derogaría al menos parte de la reforma de salud, con muchos apostando a que el llamado mandato individual sería declarado inconstitucional. Esta opinión se debe a que, generalmente, la corte tiende a la derecha, con cinco de los jueces defendiendo las más de las veces los puntos de vista conservadores sobre los casos que se presentan a la Corte, mientras los otros cuatro son vistos como el bloque más liberal.

El mandato en la ley de salud requiere que los estadounidenses compren seguro de salud antes de 2014 o que el gobierno federal los penalice. El juez presidente de la Corte, John Roberts, formó una alianza inusual con los cuatro jueces consistentemente liberales, la cual derivó en la decisión 5-4 que ratificó la ley de salud, incluyendo el mandato individual. El razonamiento de Roberts fue que el esquema de penalización del gobierno para aquellos que no compren seguro era similar a una imposición de impuestos, como los de los cigarrillos, y por lo tanto, es válida bajo la Constitución.

Los cuatro jueces conservadores, mientras tanto, querían derogar la ley de salud entera, incluyendo aquellas provisiones que se ha comprobado son populares, como la de mantener a los jóvenes bajo el seguro de salud de los padres hasta los 26 años y la de impedir que las compañías de seguro negaran cobertura basadas en condiciones médicas pre-existentes, a partir del 2014.

Roberts sí se unió a sus colegas conservadores para rechazar un argumento clave hecho por el gobierno de Obama, de que el Congreso tiene la potestad de requerir que la mayor parte de los estadounidenses compren seguro de salud. Esta parte del fallo podría limitar intentos futuros del Congreso de regular las actividades empresariales bajo lo que se conoce como la “cláusula de Comercio” de la Constitución. Pero luego de hacerse del lado de los conservadores en este punto, Roberts procede luego a salvar la ley insignia del presidente al aliarse con los jueces liberales para encontrar que el mandato individual es constitucional como un impuesto para aquellos que no desean comprar seguro.

Impacto Político

Aquí hay algo para las dos partes. Es una victoria legal inesperada para el presidente y sus partidarios demócratas, muchos de los cuales estaban resignados a recibir malas noticias de la Corte e incluso de que la ley entera fuera derogada. Así que con ese resultado, la campaña de Obama espera que el fallo energice a los partidarios del presidente en las elecciones de noviembre. Los partidarios de Obama votaron en cantidades récord en 2008 y la campaña había temido desde hace tiempo que una disminución en la intensidad demócrata pudiera negarles un segundo período.

Pero la decisión de la Corte Suprema también pudiera encender a los partidarios de Mitt Romney. Muchos conservadores se sintieron traicionados por el fallo de la corte, habiendo esperado que al menos el mandato individual fuera rechazado y a lo más, que la ley entera hubiera sido revocada. Algunos de ellos ya dirigen su ira hacia el juez presidente John Roberts por su papel crucial en moldear una mayoría precaria en la corte que salvó la ley de salud. El descontento puede ser una fuerza poderosa en la política porque como les gusta decir a los estrategas es más fácil hacer que la gente salga a votar contra algo que a favor de algo.

El fallo ha encendido una renovada intensidad entre los miembros del Tea Party, y los republicanos del Congreso ya están preparando un plan para una votación para rechazar la ley de salud el 11 de julio. Ya han votado 30 veces para derogar una parte o la totalidad de la ley, sólo para ser bloqueados una y otra vez por el Senado controlado por los demócratas. Los republicanos saben que derogar la ley está lejos de sus posibilidades este año, pero esperan obligar a tantos demócratas como sea posible a que voten a favor de la ley tanto en la Casa de Representantes como en el Senado y luego sus votos en su contra con publicidad negativa en preparación para la elección de noviembre.

Los partidarios del Tea Party salieron a votar en masa en el 2010 y ayudaron a los republicanos a reconquistar la Casa de Representantes y a ganar más puestos en el Senado, pero había temor entre algunos activistas de que este año no se pudiera igualar sin los números ni los niveles de intensidad. El fallo sobre la ley de salud puede ayudar a los republicanos a conseguir a que estos activistas salgan en noviembre.

Por lo tanto, sí, estas son buenas noticias para el presidente, hasta cierto punto, pero probablemente también encienda a la base conservadora aún más, ahora que saben que ya no hay corte que los salve del “Obamacare” y que la única manera de deshacer esta legislación es sacar al presidente de su oficina en noviembre y elegir más republicanos al Congreso que ayuden a matarla.

Pero también podría complicar las cosas para Mitt Romney. Él fue el autor del mandato individual en la ley de salud de Massachusetts aprobada cuando era gobernador, así que eso pudiera continuar siendo parte de la discusión si la ley de salud se vuelve a debatir durante la campaña. Segundo, Romney quiere enfocarse casi exclusivamente en la economía y plantear el argumento de que Obama tuvo la oportunidad de arreglar las cosas pero no pudo. Enrumbar el debate a temas como la salubridad y la inmigración lo saca de base y le puede costar caro en noviembre.

Impacto en la Corte de Roberts

Claramente, este es el fallo más importante de la Corte desde el caso de 2000 que terminó el impasse sobre la elección presidencial ese año entre el republicano George W. Bush y el demócrata Al Gore. Ese fallo fue a favor de Bush, pero los sondeos de opinión pública mostraron que la reputación de la corte fue dañada porque mucha gente pensó que se estaba volviendo muy política.

John Roberts estaba consciente de esas críticas cuando fue nominado a la Corte por el presidente Bush en 2005. Durante la audiencia de su confirmación en el Senado, Roberts insistió que él no era un ideólogo y que decidiría los casos en base a fundamentos legales pragmáticos y no en base a argumentos políticos. Roberts también indicó que no buscaría agresivamente razones para darle vuelta a las actuaciones del Congreso, y todos estos factores parecen estar presentas en la decisión de la ley de salud.

Al aceptar junto a los conservadores de la Corte que el Congreso se extralimitó al añadir la obligatoriedad del seguro de salud, Roberts complació a aquellos que ven la ley de salubridad como una clara extralimitación del gobierno federal. Pero luego, al unirse a los jueces liberales para salvar la ley argumentando que el mandato puede ser considerado como impuesto, pareció llevar a la corte de regreso al punto límite de revocar una ley aprobada por el Congreso, sin importar que tan viciado haya sido ese proceso políticamente.

Así que parece que la era de Roberts ha comenzado en la corte. Una forma de verlo es como una filosofía de límites, de tratar de balancear el gobierno central, el poder de los Estados y el poder de las cortes para frenar los conflictos que surjan entre el Congreso y el poder Ejecutivo.
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