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Agricultura amable con la vida


Las huertas caseras generan empleo, recursos y calidad de vida.

Las huertas caseras generan empleo, recursos y calidad de vida.

Invertir en las personas es un gran activo para los gobiernos locales, más allá del asistencialismo, lo válido es enseñar a producir.

Jesús Erney Torres
Bogotá, Colombia
Noviembre 9 de 2012

La agricultura urbana y las huertas caseras se constituyen en una gran alternativa de supervivencia para las comunidades con más necesidades de los países de América Latina.

Cultivar verduras y hortalizas es un gran negocio para toda la familia. La idea es aplicada con éxito en varias localidades de los países del área, pero es incipiente si se tiene en cuenta los millones de personas que diariamente afrontan dificultades por el empleo, la alimentación debida y por las relaciones entre las familias

La agricultura urbana consiste en cultivar arveja, tomates, habichuela, repollo, zanahoria, rábanos y toda la variedad de verduras que permita el espacio y los recursos.

La idea es aprovechar las terrazas de las casas, los patios interiores, las pequeñas huertas y todo espacio en donde la tierra produzca limpiamente alimentos sanos y libres de químicos.

Es una gran consideración, la agricultura urbana está asociada a la producción de productos orgánicos, es decir que no se utilizan químicos para el cultivo. Los alimentos que llegan a los supermercados o a las plazas de mercado están contaminados por la cantidad de tóxicos que se usan para abonar las tierras.

Los ejercicios en diferentes comunidades de Colombia, realizados por autoridades ambientales del gobierno y universidades, han permitido comprobar la efectividad del proyecto.

Estas instituciones llegan a las comunidades pobres con capacitación y con el convencimiento de que esta será una salida a numerosos problemas que afectan el entorno familiar.

Cultivar las verduras en las terrazas o en los jardines interiores genera, ante todo y como primera característica, la unidad familiar. Preparar los recipientes para la siembra, plantar las semillas, cuidar las plantas, verlas crecer y cosechar, es una experiencia que en familia se constituye en resultados positivos.

Producir alimentos es ahorrar recursos, porque se aprovechan para en el consumo de las familias, cuando la cosecha es más abundante, se vende y entran nuevos recursos al núcleo familiar.

El gran punto a favor de este círculo productivo es la calidad de estos productos, libres de químicos. Con sus vitaminas intactas.

Las verduras son imprescindibles para la salud. Su principal aporte son las vitaminas, los minerales y la fibra. Son la principal fuente de vitaminas A y C.

El propósito de esta agricultura es el de producir alimentos para el autoconsumo y si hay sobrantes se comercializan, por ello se promueve como fuente de alimentos frescos y saludables.

Aunque los proyectos surgieron como un pasatiempo para mujeres y adultos mayores, el perfeccionamiento de la iniciativa, se convirtió en una gran alternativa de supervivencia, porque empezó a generar recursos adicionales para toda la familia y se comenzó a notar que las relaciones intrafamiliares mejoraron ostensiblemente.

Compartir una pequeña industria y sentirse productivos, eleva la autoestima de estas personas habitualmente deprimidas por condiciones precarias y dificultades financieras. Los niños son altamente beneficiados, porque desde temprana edad aprenden procesos que les enseñan de responsabilidad y productividad.

Invertir en huertas caseras o agricultura urbana, es invertir en las personas, en calidad humana y desarrollo sostenible, es decir, buenas prácticas amigas de la vida, de la existencia.

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