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¿Quién dijo crisis?

  • Irene Larraz

Las tiendas estaban repletas de gente toda la noche.

Las tiendas estaban repletas de gente toda la noche.

Todo el mundo se muestra valiente a la hora de linchar el pavo, pero el verdadero valor se muestra yendo de compras en Black Friday.

Todo el mundo se muestra valiente a la hora de linchar el pavo la noche del día de Acción de Gracias, el ambiente familiar, los amigos, la comida preparada durante horas… Pero pocas horas más tarde todo cambia. Es en plena noche, bajo el frío y la llovizna, cuando los verdaderos atrevidos salen a celebrar la segunda parte: Black Friday (viernes negro).

Tras tomar las energías de un pavo duro nos preparamos para la verdadera expedición. Diez minutos caminando, media hora en metro y casi una hora entera en coche hasta llegar a un centro comercial al aire libre. El camino es difícil y la noche larga, pero los enemigos son infinitos. Más de una milla antes ya empieza el atasco, y decenas de coches se han subido a la ladera organizando un parking alternativo.

Haga clic para ver: Viernes negro en Washington

Son las doce y media de la noche y hay gente que ya se retira del campo de batalla con las bolsas cargadas. Pero la complicación por encontrar un espacio donde dejar el coche persiste ante la cantidad de gente que no cesa de llegar.

Me habían prevenido contra empujones, avalanchas y ropa barata lloviendo de los tejados; nada alejado de la realidad. A las filas de coches siguieron más filas de personas para entrar en algunas tiendas, y dentro, rodeando las tiendas, más filas para pagar.

Las ciudades aquí están muy poco iluminadas, pero a medianoche el centro comercial de Leesburg parecía mediodía. Entre publicidad, luces y descuentos, la gente estaba hiperestimulada, cargando con bolsas y bolsas de compras en pleno combate por conseguir la mejor ganga.

Dentro de las tiendas, donde se defendía la verdadera lucha, no había una sola prenda en su sitio. Descuentos sobre más descuentos que al ir a pagar estaban más rebajados. Y ahí nos encontrábamos, con el bolsillo medio roto, temiendo una multa por mal aparcamiento y sin encontrar ni una sola talla. El próximo año acamparemos.

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