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Un artista que talló su vocación desde joven

  • Federica Narancio

Atchugarry, a la derecha, en la inauguración de su obra en Punta del Este.

Atchugarry, a la derecha, en la inauguración de su obra en Punta del Este.

El escultor uruguayo Pablo Atchugarry, de 54 años, contó a VOA en una entrevista cómo descubrió al mármol que lo hizo famoso a nivel mundial.

A los 11 años, Pablo Atchugarry anticipó, sin imaginárselo, el material con el que trabajaría años más tarde en sus esculturas y que lo convertiría en un artista de gran reconocimiento a nivel mundial.

“Todo empezó con esa lección que di en la escuela sobre Italia, a la que le sumé información sobre el mármol de Carrara y el Lago di Como”, contó Atchugarry a la Voz de América en una entrevista telefónica desde Italia.

“Creo que lo que más me llamó la atención fue que el mármol de Carrara es el que usó Miguel Ángel, sin saber en ese entonces que mi destino estaría ligado a este mármol y al Lago di Como, donde vivo actualmente”, consideró.

En 1979, a los 25 años, Atchugarry tuvo “el encuentro real” con el mármol cuando fue a Carrara, Italia.

El artista recordó ese momento como si se tratara de una historia de amor. “Fue un encuentro apasionado”, aseguró.

Atchugarry pintaba desde los ocho años – incentivado por su padre quien era un aficionado al arte – y comenzó a esculpir a los 14 años con arena y portland, y luego experimentó con la madera y el hierro.

En 1972 ya había realizado su primera exposición de arte en Montevideo y dos años después en Buenos Aires.

Cuando descubrió el mármol, ya era un artista profesional.

Pero la experiencia de esculpir con el material no dejó de ser “todo un descubrimiento”, según Atchugarry, del que aprendió “a los tumbos y tropiezos”.

Con la misma audacia y voluntad que lo llevó a Italia a probar su suerte como artista, Atchugarry esculpió su primera escultura en mármol “sin tener la más pálida idea de cómo hacerlo”, según contó a las risas.

Su cliente, sin embargo, quedó muy satisfecho con el resultado y él también.

A los tres años se le sumó un nuevo desafío cuando un sacerdote le hizo su primer encargo de una gran escultura para una iglesia en el Lago di Como.

De un bloque que tenía dos metros de altura por dos metros de ancho y que pesaba 12 toneladas surgió, tras un año de trabajo, “La Pietà”, una escultura en homenaje a Miguel Ángel.

De golpe en golpe

Las fotografías del sitio Web oficial de Pablo Atchugarry lo muestran trabajando en sus monumentales obras subido a andamios, cubierto en polvo y entre las mismas canteras por las que anduvo Miguel Ángel en la búsqueda de un bloque de mármol que reúna las condiciones perfectas, tales como “la transparencia” y la “luminosidad”, según describió Atchugarry.

Esas esculturas que llegan a medir hasta ocho metros de altura y que le llevan un año o más para realizar se exhiben hoy en espacios públicos, museos y colecciones de Estados Unidos, Europa, América Latina y los Emiratos Árabes.

En el camino cosechó importantes premios, como el “Premio Michelangelo” en Carrara en julio del 2002, creó una obra en homenaje a los 50 años del reinado del Príncipe Rainero en Mónaco, y representó a Uruguay en la 50ª Bienal de Venecia con la obra “Soñando la paz”, en 2003.

Una de sus más recientes obras fue a pedido del Ministerio de Turismo de Uruguay, y Atchugarry la donó.

“Luz y Energía de Punta del Este”, una escultura que mide cinco metros de alto, fue inaugurada a principios de junio en reconocimiento a los 100 años de Punta del Este.

“Me inspiré en esa luz especial que hay en Punta del Este, esos cielos azules tan puros nuestros del Uruguay”, dijo Atchugarry, quien viene regularmente al país.

La mayor parte de su tiempo, sin embargo, la pasa lejos de los cielos puros, encerrado en su taller. “Trabajo desde las siete de la mañana hasta las ocho de la noche”, contó.

Atchugarry dijo que siempre que culmina una escultura de gran porte, dictamina que será su última ya que “el trabajo es muy agotador y la parte física es muy importante”.

Por ahora, el mármol puede más que él.

“Estoy trabajando en una obra que me lleva más de cuatro años. Me separo del bloque, vuelvo a entrar en el mismo, resuelvo temas más inmediatos”, explicó.

Será su obra más grande hasta el momento, de ocho metros y sesenta centímetros de altura, con destino final a la ciudad de Bruselas.

“Ahora pienso darle el golpe final”, aseguró, antes de culminar la entrevista.

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