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Francisco: ¿Papa o presidente?


El papa Francisco hablará ante legisladores sobre temas polémicos como el aborto, bodas gay, cambio climático y distribución de la riqueza.

El papa Francisco hablará ante legisladores sobre temas polémicos como el aborto, bodas gay, cambio climático y distribución de la riqueza.

Tendencias políticas y mensajes cargados nos hacen pensar si el Sumo Pontífice llegará a Washington, D.C luciendo saco y corbata.

El papa Francisco lleva su labor diplomática ante el congreso estadunidense por primera vez en la historia. Y aunque el argentino tenga que hablar en inglés, que será interesante, el mundo está a la expectativa.

El contenido que se espera que toque en su discurso incluye temas "ligeros", como la crisis de refugiados en Europa, el estado de la ley migratoria en Estados Unidos, el cambio climático y temas sociales como el aborto y la homosexualidad entre otros.

Este repertorio temático es claramente inusual viniendo del Vicario de Cristo, pero hace parte del manifiesto del nuevo Papa, que predica reforma social de la Iglesia católica y tiene perspectivas liberales que han sorprendido y emocionado, pero también sacudido algunas cabezas.

La pregunta ahora viene siendo si el Santo Padre está cruzando su línea laboral hacia un territorio político, como lo haría una cabeza de estado, o el mismo ‘Presidente’ del Vaticano.

En este último año, el papa Francisco ha tenido una influencia clave en el restablecimiento de relaciones políticas y económicas entre Estados Unidos y Cuba, algo que no existía hace más de 50 años.

Este evento lo ha catapultado en la plataforma internacional como intermediario diplomático de una eficiencia sorprendente. Ahora la comunidad internacional se está preguntando qué otro tipo de efectos podría tener este Papa en otros temas de calibre similar.

Sin embrago, la críticas que han surgido lo atacan por no tener las credenciales para actuar como un comisionista de esta índole y por un carácter excesivamente liberal en sus vistas sociales.

Y aunque sus credenciales políticos no estén en su hoja de vida, el papa Francisco tiene un indudable estatus de “rock star.”

Como buen ícono del pueblo, en sus caravanas busca parar y saludar a sus fanáticos, besa los pies de los pobres y se toma “selfies” con la gente. Justo en su primer viaje apostólico a Brasil antes del mundial, logró mover más de 3 millones de personas a las playas de Copacabana, y apenas llevaba unos meses como Pontífice. Eso es llenar el estadio Santiago Bernabéu más de 37 veces.

Con su carisma inevitable y con este tipo de influencia, hay que tomarse al Papa en serio, aunque divida el pensamiento popular.

En cuanto a esta división, es importante resaltar que es anormal que un Papa esté causando una segmentación ideológica notoria en Estados Unidos y el mundo. Se podría argumentar que este efecto es de aire político, un resultado contrario a lo que debería causar la cabeza de la Iglesia católica.

De la misma manera, puede ser que este sea el “shock” necesario que necesite no solamente la Iglesia católica, pero el mundo diplomático también. Un personaje imparcial, muy bien educado, con un seguimiento casi incomparable que redefina la labor papal bajo un mensaje universal de compasión y tolerancia.

Anulando diferentes niveles de retórica política y social, lo que es claro es que el Santo Padre, apenas en su segundo año en la posición está mandando ondas desafiantes que están causando polémica en una escala mundial.

Efectivamente maneja su agenda como la de un mandatario, pero las masas lo idolatran sin comparación. Y el hecho que se esté presentando en una plataforma tradicionalmente bipartidista, tiene su valor.

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