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Bombardeos rusos rompen la moral en Aleppo


Imagen tomada por video proporcionado por el ministerio de Defensa ruso, que muestra el bombardeo de un avión Su-34M sobre la ciudad de Aleppo, en el norte de Siria.

Imagen tomada por video proporcionado por el ministerio de Defensa ruso, que muestra el bombardeo de un avión Su-34M sobre la ciudad de Aleppo, en el norte de Siria.

Tras una semana de intensos bombardeos y con la ciudad rodeada por las fuerzas gubernamentes, los combatientes sirios se sienten abandonados por Occidente.

Un joven rebelde sirio narró a la Voz de América el impacto que han tenido los bombardeos rusos en Aleppo, y cómo él y muchos de sus compañeros están abandonando ese frente de batalla.

Los insurgentes han sufrido una semana de intensos bombardeos de los aviones rusos –400 en cuatro días—refugiándose en túneles y cráteres abiertos por las bombas.

Ahmad, de 20 años, ha pasado una cuarta parte de su vida luchando contra el régimen de Bashar al-Assad, pero la guerra ya lo tiene harto. La ofensiva del gobierno para aislar Alepo le ha obligado a retirarse de la línea de fuego junto a cientos de sus camaradas.

La moral entre los insurgente, dice, ha caído hasta los suelos y los comandantes intentan elevar la confianza de los combatientes. Hay rumores de la formación de un nuevo ejército en Aleppo, para unificar a los más moderados y menos religiosos milicianos alineados con el Ejército Sirio Libre apoyado por Occidente.

“El primer día, la lucha, fue fácil. Luego del segundo día y el tercero, se hizo muy difícil. Perdimos mucha gente, muchos amigos, muchos combatientes”, cuenta Ahmad.

¿Y en el cuarto día? Los aviones rusos arrasaron con todo en unos tres kilómetros a la redonda. Los combatientes y los civiles, dice, se escondieron en túneles cavados antes de la ofensiva. Podían sentir y oír los retumbos de las explosiones. Y el calor también. En algún momento, dice, se examinaron rápidamente a sí mismos para asegurarse de que no habían sido heridos.

Les tiraron de todo –misiles, bombas de barril y minas submarinas, así como bombas de vacío y de racimo. Dice que se hicieron expertos para distinguir los impactos de lo que les lanzaban.

De baja estatura y ojos negros, no ha tenido para que rasurarse en los últimos días. Gesticula nerviosamente con un cigarrillo en las manos y cuando le pregunto sobre el cuarto día, se queda callado. Hay una larga pausa.

Agrega que él y otros 100 combatientes de la milicia Nour al-Din al-Zenaki se retiraron, no por miedo, sino porque se sintieron traicionados, decepcionados por todos los que dijeron ser amigos de Siria, como Estados Unidos y Occidente y los países del Golfo y como sus propios comandantes.

Dijo que los comandantes de las milicias del Ejército Sirio Libre y los brigadistas islámicos de línea dura, así como la afiliada de Al-Qaeda, Jabhan al-Nusra, deberían haber resuelto sus diferencias y haberse unificado.

Ahora es posible que sea demasiado tarde.

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